Cosas de hermanos... parte 2

viernes, 7 de septiembre de 2018




Criar hermanos es uno de los retos más grandes de mi vida, me ha hecho descubrir cualidades que ni yo misma sabía que tenía y es de lejos, la mejor experiencia que tengo. Pero, los primeros días después de que nació Valentino, fueron caóticos, mi casa y mi vida estaban patas arriba, y no me refiero sólo al hecho de que como había un integrante más, toda la dinámica familiar había cambiado, ni al cansancio propio de esa etapa, sino, principalmente, a cómo estaba tomándolo Luciano, cómo él estaba asimilando todos los sentimientos que iba descubriendo día a día, en ese nuevo papel de hermano mayor. Una mezcla de amor, celos, soledad, miedo, alegría, y culpa, mucha culpa. Porque al no saber controlar o manejar sus emociones, se sentía culpable de creer que “su hermano le quitaba el amor de su mamá y papá” , al mismo tiempo de pasarse ratos enormes mirándolo embobado, con ganas de cuidarlo, besarlo, apachurrarlo y jugar con él. Entonces, ese cruce de emociones tan fuertes lo confundía y frustraba.

Fueron días sumamente complicados para mí, que, al estar acostumbrada a ver feliz a Luciano, a distribuir mi tiempo sólo con él, a prestarle atención únicamente a él, escucharlo llorar escondido en su cuarto, era terrible, no tienen idea. Tener que estar con él y al mismo tiempo con el bebé, que Valentino llorara o se despertara justo cuando Luciano me había pedido jugar a algo o cuando me estaba contando algo, era estresante, no sabía a quién hacerle caso y me ponía triste porque sentía que les fallaba a los 2, casi todo el tiempo, porque no podía dejar a Lu, por estar con Valen, pero tampoco podía dejar a Valen por estar con Lu, aunque todo el mundo me decía que el no se daba cuenta, yo sentía - y sabía - que el si se daba cuenta y que no era justo ni para el, ni para mi, no compartir tiempo juntos.  Por otro lado, veía a mis amigas que podían hacerlo todo a la perfección con 2 o más hijos y encima irse a la peluquería, salir, ir a todos lados y yo a las justas podía con mi vida, me hacía sentir peor. No sabía si Luciano era el único niño en el mundo que se sentía así, o si yo era la única mamá en el mundo que se hacía tanto drama con eso.

Conforme pasaron los meses, los celos no bajaron, al contrario, aumentaron, crecían al ritmo que Valentino crecía. Y se intensificaron cuando empezó a decir sus primeras palabras, cuando empezó a gatear, cuando ya no sólo era un bebé que todo lo miraba, sino cuando ya era una personita que descubría el mundo y atraía a todo el mundo. Hay mamás que dicen que sus hijos nunca sintieron celos y que fueron los mejores hermanos mayores del mundo, siempre, desde el día 1. Vaya, realmente que suerte tienen. Aquí los celos se volvieron pan de cada día. Luciano empezó a comportarse como Valentino, hablaba como él, quería comer como él, dormir como él, hacer lo que él hacía y no había manera de hacerle entender que él, simplemente por ser quien es, tal cual y sin imitar a nadie, es súper especial e importante para nosotros y para toda su familia. Su confianza en el bajó un montón, a pesar de que todos los días le repetíamos cuánto lo queríamos y cuán orgullosos estábamos de el. Yo terminaba en las noches llorando sin saber qué hacer y repitiéndome que todo estaría bien. 

Aunque les soy sincera, durante bastante tiempo pensé que las cosas nunca iban a cambiar, que hiciera lo que hiciera, todo iba a seguir igual. Valentino creció y empezaron las peleas, las discusiones, los gritos, los llantos descontrolados por parte de ambos  y yo sólo quería salir corriendo. Pero, ¡pero! Aquí viene la mejor parte de todo, de un día para otro, efectivamente ¡todo cambió! y ahora no se separan ni un segundo, son cómplices, compinches, amigos, juegan juntos todo el día, increíblemente bien, aunque las peleas no se han ido y sé que nunca se irán porque es parte de, pero la convivencia que al principio fue tan difícil, ahora se ha vuelto de lo más bello. Esos segundos mágicos que me robaban el aliento, en los que se llenaban de besos y abrazos y donde el amor era su único lenguaje, ahora, puedo decir feliz y emocionada que, no son sólo segundos, son días y noches enteras, que no sólo me roban el aliento, sino, me devuelven la vida. 

Así que si tú acabas de tener a tu segundo bebé, y sientes que nada es como pensaste que sería, si todo el amor que tenía en el embarazo, los besos infinitos a la panza, las promesas de enseñarle todo lo que saben, desapareció tan pronto como diste a luz, ¡ten calma! , quiero que sepas que todo va a pasar más pronto de lo que crees, ¡te lo juro! y ese escalofríos que recorre tu cuerpo al verlos jugar, compartir cosas, hablar, mirarse, abrazarse, cuidarse, caminar de la mano, dormir acurrucados, será algo de todos los días, los verás, en silencio y sentirás como si tu corazón fuera a explotar de tanto amor y te sentirás la mujer más feliz del mundo. 

Mientras tanto, no te culpes, no te derrumbes, no te angusties, ten mucha paciencia, tranquilidad, sigue cada día impulsándolos a estar juntos y a que descubran que tener un hermano, tiene más ventajas que desventajas y que juntos vivirán las aventuras más grandiosas que hay. 

Y si pasaron por esto, cuéntenme cómo les fue con sus hijos cuando llegó el hermano menor.

Un beso, 
Las quiero, 
Sil
Image and video hosting by TinyPic

Pueden leer aquí, también: COSAS DE HERMANOS PARTE 1.