Ser mamá de dos....

martes, 12 de diciembre de 2017



Ayer Valentino cumplió un año y medio, y me sorprende ver lo rápido - y lento a la vez - que está pasando el tiempo. lo veo tan grande, independiente y fuerte, pero también tan pequeño, dependiente y frágil, que me asusta. Esta experiencia de ser mamá por segunda vez es totalmente enriquecedora y maravillosa, como desafiante y diferente. Si cuando salí embarazada pensé que ya sabía lo que me esperaba, una vez más ¡me equivoqué!, estaba muy lejos de saber siquiera la milésima parte de lo que se me venía, creo que ya se los he dicho en otro post, pero siento la necesidad de repetirlo porque para mí es así. 

Ser mamá de dos me ha enseñado a ser árbitro, a ser imparcial, a ser persistente, más paciente, a saber conciliar, a  duplicar (nunca dividir) mi amor, mis cuidados, mis besos, mis abrazos, mis caricias, pero especialmente, ¡mi tiempo! y todo, en partes iguales.

Te enfrentas a situaciones como tener un hijo en la teta mientras tienes otro sentado en el baño esperando que lo limpies. Tienes que alistar al que se va al colegio - y llevarlo - mientras tienes al otro llorando porque tiene el pañal sucio, hambre y gases, todo al mismo tiempo. Cuando el pequeño se queda dormido, el grande tiene ganas de jugar gritando por toda la casa. Hay que bañar y acostar a uno, al mismo tiempo que al otro, leer cuentos diferentes a la misma hora (al mayor ya no le gustan los cuentos de bebés y el menor no aguanta los cuentos largos). Mientras uno habla (casi a gritos) para que le prestes atención, el otro llora a todo pulmón, por lo mismo y si tienes suerte como yo, tu esposo también te habla en ese mismo momento. Sin embargo, una de las cosas más difíciles para mí este primer año y medio, ha sido lidiar con los primeros meses donde los celos, las discusiones, y las peleas eran cosa de cada hora. Desde algunas “muy sencillas”como quién se duerme con mamá - o encima de ella - a quién baña mamá, a quién le da de comer mamá, para quien es el primer beso de buenas noches de mamá, hasta otras como a quién le da la razón mamá, a quién defiende mamá o a quién corrige mamá, con pataletas incluidas, sacadas de lengua y pellizcones caletas.

Me daba mucho miedo verlos tan a la defensiva entre ellos, veía y escuchaba a muchas amigas mías decir que sus hijos mayores eran súper cariñosos con los menores, que los cuidaban, los llenaban de besos, de abrazos y jugaban con ellos, y yo soñaba con ese momento, porque los míos parecían no tener tregua que valga, se pegaban todo el día, se jaloneaban, si Luciano se acercaba a darle un beso, Valentino le gritaba para que no lo hiciera, si él se acercaba a Luciano para jugar, éste lo empujaba o le cerraba la puerta del cuarto para que no entrara. Yo llegaba a la noche nerviosa, asustada, con miedo y con unas ganas locas de llorar y salir corriendo, mientras pensaba en qué bendita hora se me ocurrió tener otro hijo y me preguntaba a dónde se fue todo el amor que Luciano le prodigaba a su hermano cuando estaba en la panza, las caricias, los besos, las carcajadas, las fotos que me pedía con la barriga, las conversaciones nocturnas y las mil promesas de jugar juntos.

Fueron meses agotadores, que empeoraron cuando Valentino empezó a gatear, a caminar y a darse más cuenta de las cosas, ahora el también estaba celoso, se ponía entre su hermano y yo, le soltaba la mano cuando lo tenía agarrado, gritaba cuando me veía jugando con él, ¡quería exclusividad!, no tenía intención alguna de compartir a su mamá con alguien más y ese cuerpo diminuto la tenía muy clara. Aquí vale decir que no todo el día mi casa era un campo de batalla, también habían momentos de paz y de amor, sobre todo, cuando uno de los dos dormía, jajaja, pero que hacía que todo valga la pena.

Sin embargo, cuando pensé que las cosas se iban a poner peor, me sorprendieron una vez más, y de la nada, hace un par de semanas (o un poco más) los vi reírse juntos por más tiempo, empezar a jugar por periodos más largos, vi cómo ambos se buscaban con la mirada y de pronto, un día se tomaron de la mano y se fueron a caminar por el parque, desde ahí todo cambió. Tendrían que haber visto mi cara, no podía más de la emoción, verlos así juntos y felices, es una sensación indescriptible, ver cómo se abrazan, cómo se besan, ¡es estar en el cielo!. Ya no pienso en las peleas, ya no pienso en los celos - que si bien es cierto están presentes en menor escala, aún lo están - ahora el protagonismo es otro, son ellos dos descubriéndose uno en el otro, encontrándose, queriéndose, reconociéndose. Son ellos siendo hermanos, sintiendo ese amor que te une, que te acerca, que te acompaña y yo, tengo el lugar privilegiado para verlo todo de cerca, mientras mi corazón se va inflando de orgullo y amor, tanto, tanto, que por ratos pienso va a explotar.

Así estamos ahora, en una montaña rusa de emociones, y a pesar de los días buenos y los días malos, de la frescura y el cansancio, de los celos y el amor, de las peleas y las paces, de lo que significa convivir con un niño de 5 y uno de 1, no cambiaría por nada esto que estoy viviendo, criar hermanos, es de lejos una de las experiencias más hermosas - y caóticas - de mi vida, estoy descubriendo la maternidad otra vez, viendo la vida desde otra perspectiva y aprendiendo cada día, mucho más de lo que jamás imaginé. Por que como siempre digo, se supone que somos nosotros los que les enseñamos a ellos de la vida, pero en realidad, son ellos quienes nos enseñan a vivir. 



A ustedes, ¿cómo les fue o cómo les va, siendo mamás de dos? :)

Un beso, 
¡Las quiero mucho!

Sil

Pd; Gracias Maria Angélica Fotografía por captar en estas fotos tan bellas, lo que estamos viviendo ahorita con este par, el descubrimiento de su amor y amistad, que Dios mediante, será para siempre.

Pd2: Si quieren leer más artículos sobre hermanos, denle click en los enlaces de abajo:
* Cosas de hermanos
* Descubrimientos de mi segundo embarazo.
* 5 tips para involucrar al hermano mayor con el menor.
* Todo vuelve a empezar
* Sesión de fotos de hermanos, un regalo para toda la vida.