¡Lo que la teta me ha dado!

miércoles, 19 de abril de 2017


Foto: Mirella León Fotografía

Valentino acaba de cumplir 10 meses y con él he cumplido yo 10 meses de lactancia exclusiva, piel con piel, a demanda, sin tiempos, sin horarios, sin vergüenzas, sin temor.

Es difícil describir lo que siento, la lactancia para mí ha sido una de las experiencias más bonitas que he tenido con Valentino, no ha sido fácil, al principio pasamos noches enteras en vela llorando los dos porque no podía alimentarlo, otras en los que no pegaba el ojo ni un segundo porque él quería tomar leche todo el tiempo, pezones agrietados, sangre, heridas, dolor, angustia, miedo, pero también orgullo cuando los dos agarramos el ritmo, cuando empezamos a conocernos, a entendernos y todo empezó a fluir, nos hicimos expertos, y los dos descubrimos en la teta algo más.

El encuentra no sólo leche, sino también consuelo cuando se cae, seguridad cuando tiene miedo, descanso cuando tiene sueño, entretenimiento cuando está aburrido, tranquilidad cuando siente angustia, calma su hambre y sed. La teta es su todo, su lugar seguro, su mundo, su paz, la busca sin problema, la saca cuando quiere, me tiene a su merced y él lo sabe. Ha aprendido con una facilidad increíble a destaparme el pecho, (no importa dónde ni con quién estemos) acurrucar su cabeza sobre mí mientras que con sus manitas se sostiene a mi cuerpo y se une a mí en una sola caricia, dejándome derretida de amor.

Yo encuentro ese tiempo a solas con él que a veces nos falta, tranquilidad, calma, me siento, lo tomo entre mis brazos y lo pongo cerquita de mí, de mi pecho y todo pasa, los minutos parecen hacerse más lentos, el tiempo parece detenerse, me siento inexplicablemente poderosa, como si mi teta me diera súper poderes para calmarlo y curarlo todo, si se golpea, si se atora, si llora, si tiene frío, si hace mucho calor,  si está enojado, si está cansado, todo se cura con la teta y no sólo lo cura a él, sino también a mí, mi depresión post parto, mis inseguridades, mis culpas, mis miedos, mis vergüenzas, todo se cura con la teta.

Al principio pensé sólo darle leche hasta que le salieran los dientes, porque, inexperta yo, pensaba que me mordería y me dolería muchísimo (lo cual no dista mucho de la realidad, pero es soportable). El día que le salieron sus primeros dientes tenía 5 meses y pensé hasta los 6 que es lo mínimo y empieza a comer. El día que empezó a comer, pensé hasta que tenga dientes arriba y abajo y el día que tuvo dientes arriba y abajo pensé hasta el año, pero si hoy me preguntas hasta cuando le daré, ni siquiera yo misma sé la respuesta ya, no me siento capaz de pensarlo, sólo me imagino así a los dos, juntos, no nos veo de otra manera, por ahora y como le digo a mi esposo no sé quién va a sufrir más cuando llegue el momento del destete, si él o yo.

Me han preguntado muchas veces, algunas mamás que no conozco, otras amigas mías, si mi teta no está caída, si no siento que han dejado de ser mías, si no me fastidia la lactancia, si a veces no quiero dejarlo todo y listo. Mi respuesta es si, si, si y no. Si, las veo caídas y no me importa, me siento hermosa cuando veo mi reflejo en el rostro de mi hijo, cuando lo veo mirarme con esa devoción mientras juguetea con sus manos en mi pecho, además, igual se iban a caer en algún momento. Si, siento que ya no son mías, siento que le pertenecen a él, pero ¿qué parte de mí no le pertenece? Mi cuerpo y mi vida son de él. Si, me fastidia, sobre todo cuando tengo que pensar mil veces qué ponerme, escoger sólo los polos que sean de lactancia o los que pueda jalar fácilmente el o subírmelos yo sin problema, me fastidia dejar mi "ropa bonita" para después, pero ¿acaso no he cambiado también mis carteras por bolsos o mis tacos por zapatillas?. y finalmente, no. No quiero dejarlo todo, pero si hay momentos en los que me canso, momentos en los que simplemente no tengo ganas de darle leche y no le doy, se lo cambio por un jugo, una fruta, una galleta y no hay traumas, el entiende, y luego los dos volvemos a encontrarnos.

He pasado con mis hijos por diferentes experiencias con la lactancia, tan diferentes como ellos, a Luciano le di mi leche en biberón por un año, a Valentino le doy directo desde la fuente, como dice mi esposo jajaja y la conexión con los dos es tan grande y fuerte como un roble y es que, de todas maneras, la lactancia me ha enseñado que el amamantar a un hijo va más allá de cómo le das la leche, tiene que ver con cómo lo haces, cómo lo cargas, cómo le hablas, cómo lo miras y todo lo que significa para ustedes ese momento. Dar de lactar va mucho más allá de lo que la gente piensa, va mucho más allá de todo, es un acto de amor, desinteresado, puro, genuino, grande, que como todo en la vida, requiere de sacrificios también, pero que valen, cada uno de ellos, totalmente la pena.

La teta me ha dado tanto, que no sé si alimento a mi hijo con ella, o de ella se alimenta mi corazón.
¡Bendita lactancia! 

Un beso, 
¡Las quiero!,

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