A mi pequeño hijo menor

lunes, 14 de noviembre de 2016



Hace unos días has cumplido 5 meses amor mío y mientras te tomaba entre mis brazos, veía cuán grande estás y pensaba en qué momento creciste tanto, te volteas de lado a lado en la cama, me miras con esa sonrisa que congela todo mi mundo y me eleva un poco más arriba del cielo y en silencio, sintiendo como la culpa se apodera de mi, te doy un beso y te pido perdón, perdón por tantas cosas que no he hecho, perdón por tantos momentos que no he estado.

Sé que no te he contemplado muchas veces al dormir, ni he pegado de brincos a penas suspirabas dándome la señal de que te ibas a despertar, ni he puesto en "mute" a todos para que duermas tranquilo tu siesta.

Sé que no te he tomado tantas fotos, como poses o muecas has hecho, ni he registrado cada avance que has tenido y que tu álbum de recuerdos está aún pendiente de organizar. Sé que no he esterilizado la casa, ni lavado la ropa con mil detergentes antes de ponértela (es más, la mayoría es heredada de tu hermano) o que los juguetes no han pasado un riguroso control de calidad antes de que lleguen a tus manos.

Sé que por las noches no te he cambiado el pañal con agua tibia, manzanilla y algodón, que con los ojos entreabiertos me he ampayado muchas veces, agarrando el agua fría del termo (que no preparé) y cambiándote a tientas para no despertar a nadie (incluyéndome a mí misma) e incluso algunas noches te he tocado y en mi inconsciencia he pensado aún aguanta un poco más y me he vuelto a dormir.

Sé que saliste de la casa por primera vez antes de cumplir dos meses, que tuviste un paseo por la playa en pleno invierno antes de cumplir los 3 y que salimos al parque una tarde no tan cálida. Sé que he dejado que tu hermano te de muchos besos (incluso estando resfriado), que te de apachurres muy fuertes y de cuando en cuando un coscorrón.

Sé que no he llamado desesperada al pediatra la noche que vomitaste, ni que corrimos a emergencias aquella vez tuviste fiebre, sólo te di la medicina y te arropé en mis brazos.

Perdóname pequeñito mío, pero nada de esto tiene que ver con el amor inmenso que siento por ti, es sólo la experiencia de estos años la que me ha enseñado a disfrutarte más, a aprovechar ese tiempo que tenemos a solas para abrazarte, para llenarte de besos, para hablarte, que sólo me concentro en ti y me olvido de la cámara o del día en que estamos. 

Estos años con tu hermano, me han enseñado a diferenciar una emergencia de una urgencia y a saber qué medicina tengo que darte sin llamar al doctor. He aprendido que no va a pasarte nada si te cargo sin alcohol en las manos y que tu mundo no va a ser mejor si me acuerdo qué día fue el que levantaste la cabeza.

Sin embargo, hay algo que no he dejado de hacer desde el primer instante que llegaste a mi vida, (desde que estabas en mi panza a decir verdad) y es quererte con toda mi alma y agradecer a Dios por tenerte a mi lado, por mostrarme que se puede amar igual, con ese amor tan grande y tan fuerte, una segunda vez, como si fuera la primera y de eso, jamás tengas ninguna duda.

Te amo al infinito y más allá.
Mamá. 

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