¡Bendita lactancia!

miércoles, 3 de agosto de 2016




Entré a mi habitación, luego de la operación, a la 1 de la tarde y a los 10 minutos siguientes tenía a mi hijo en brazos devorándose las gotitas de calostro que salían de mi pecho inexperto, mientras yo tenía una mezcla de felicidad y angustia. ¡Nunca había dado de lactar así, pecho a pecho! Ni siquiera sabía cómo sostenerlo, y eso que ¡es mi segundo hijo! (Puedes leer mi historia de lactancia con mi primer hijo aquí!)

Lo veía ahí prendido de mí y yo sin saber qué hacer, salvo por lo que me había dicho la enfermera: “15 minutos en cada seno, que agarre el pezón más areola, colocado barriga contra barriga para asegurar la toma”. Me moría de miedo, no sabía si lo estaba haciendo bien, si se había agarrado, si me estaba saliendo leche o si lo poco que me salía lo alimentaba, me sentía perdida, confundida.

Y además, estaba agotada. Habían pasado 3 días, él tomaba aproximadamente cada dos horas en el día y en la noche lo hacía cada 30 minutos. Definitivamente, eso de la lactancia no era como lo había imaginado, no señores, no estaba en una mecedora cantándole canciones de cuna y sosteniendo su mano. ¡Estaba agotada!, sudorosa, los pechos me dolían terriblemente, tenía el pezón lleno de heridas, no soportaba ni el roce de la ropa, no había dormido casi nada en todos esos días, sumado al dolor de la cesárea, me daban ganas de tirar la toalla y dejarlo todo ahí mismo, no quería pensar que dentro de algunos minutos todo volvería a empezar.

La última noche en la clínica, solicité que le dieran fórmula, shhh que nadie se entere: ¡necesitaba descansar!, me ofrecieron un extractor y brinqué de alegría ¡lo admito!. Se llevaron a mi hijo a la sala de neonatología y yo me sacaba la leche que las enfermeras le daban, así pude dormir al menos 3 horas seguidas (un gran logro a esas alturas). Al día siguiente regresé a mi casa y compré una lata pequeña de fórmula, no sabía cómo me iría y necesitaba la tranquilidad de saber que mi hijo no se moriría de hambre. 

Ya en casa, noté que me estaba saliendo algo de leche, que estaba produciendo más y recordé que siempre me habían dicho que a mayor succión, mayor producción e intenté darle nuevamente la teta, al principio alternaba una toma de pecho, con una del extractor y una de fórmula en la madrugada. 

Conforme los días pasaron, iba reduciendo las tomas de biberón y dejando de lado el extractor y la fórmula e iba, sin darme cuenta, deseando tenerlo en mi pecho otra vez, esos momentos pasaron a ser sólo de los dos y de nadie más, lo sentía tan frágil, tan necesitado de mí, podía ver cómo mi pecho calmaba su llanto, instantáneamente, cualquiera fuera su naturaleza y yo iba mejorando mi estado de ánimo, mi depresión iba desapareciendo también, fue ahí que empecé a notar que de la misma manera en que yo alimentaba su cuerpo, el alimentaba mi alma, me llenaba de vida, de alegría, me permitió conectarme nuevamente conmigo misma, con mi cuerpo, con nuestra nueva vida, me sentía poderosa. :)

Pero las grietas y el dolor seguían ahí, una amiga me recomendó usar una crema de lanolina (fue mi salvación, ¡buenaza!) para regenerar la piel y eso me ayudó mucho, ahora, un mes y medio después, ya casi han desaparecido por completo. Si bien es cierto, el cansancio aún continúa y hay noches en las que quisiera obviar esas tomas, ahora disfruto mucho de cada teta y sé que es una tarea diaria, es decir, que cada día se avanza un poco más, se gana más práctica, más confianza, se vencen los miedos y comprendes que el amamantar a un hijo es un privilegio, un regalo, un acto de amor. Ahora siento que él no me ve como su mamá, sino como una teta gigante jajajaja, cada vez que lo cargo busca mi teta desesperado y si no quiere tomarla en ese momento, se arrecuesta sobre ella y descansa tranquilo, seguro.

Es por eso que quiero que sepas, por si estás pasando por esto, algunas de las cosas que yo aprendí; que el dolor, la frustración y el miedo, pasan con los días, que te vuelves experta al poco tiempo, que todas tenemos leche ¡todas! sin importar el tamaño de los senos, el tipo de parto, la forma del pezón, basta con tenernos paciencia y que si bien la lactancia es sacrificada, es una experiencia hermosa que, en mi opinión, deberías darte la oportunidad de vivir, pero con mucho cuidado, porque te juro que ¡es adictiva! :)

¡Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna! y ¡Qué viva la teta! :)


Un beso,
¡Las quiero!

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Fuente de Imagen: www.maternidadfacil.com