Todo vuelve a empezar...

jueves, 14 de abril de 2016




Ya empezamos a preparar todo para la llegada de Valentino a la casa. Esta semana he sacado todas las cosas que tenía guardadas de cuando Luciano era bebé y no saben la nostalgia que me ha dado, me pongo a pensar que dentro de unas semanas toda mi vida se pondrá patas arriba de nuevo y me embarga una alegría que no puedo explicar. No pienso en las noches sin dormir, ni en la lactancia, ni en el volver a cambiar pañales o preparar papilla. No pienso mucho en los celos entre hermanos o en todas las cosas que casi siempre nos dicen cuándo vamos a ser mamás (sea la primera, la segunda o la tercera vez) sino más bien, pienso en todos los besos melosos, en las sonrisas a medio dibujar, en los piececitos chiquititos que vienen a inundar mi casa, una vez más.  En la bulla que se escuchará en mi sala (tratando de imaginarme la que ya hay, x2 jajaja) pienso en las miles de travesuras que me harán este par de niños, en sus caritas de yo no fui, fue tete, cuando les pregunte que pasó, en las aventuras que inventarán y aunque se vayan a llevar 4 años, sé que serán cómplices y amigos, siempre.

Eso no quiere decir que no sepa que me esperan muchas amanecidas, que el cansancio se apoderará de mí, que se transformará en mal humor - en varias ocasiones - que querré salir corriendo a respirar un rato ¡yo sola! O que me capturen los marcianos en su platillo volador…  Pero cada una de estas alternativas se reduce a nada cuando pienso en toda la felicidad que me regala Luciano hoy y que sólo se va a multiplicar con la llegada de Valentino.

Cada cosita que iba sacando de la maleta tenía una historia, un detrás de cámaras, una sonrisa que se dibujaba en mi rostro mientras me dejaba llevar por los recuerdos y me parecía ayer ver a Luciano usando chupón por primera vez, o que su primera papilla fue cuando estábamos de viaje Cesar y yo y ninguno de los dos sabíamos cómo prepararla, tratando de hacer malabares en el cuarto de un hotel, mientras alistábamos también la cámara para tomar las mil muecas que hizo cuando probó su primera comida (que valiente, se veía y sabía horrible! Jajaja)

Cada minuto de esta vida loca de padres, cada pregunta, cada miedo, cada ojera, va llenando un cofre de recuerdos, un cofre que cuando se abre nos regala mil momentos hermosos, mil sonrisas, mil emociones, hace que se nos escarapele el cuerpo y se nos encoja el corazón.

Por estos días, ha desaparecido la incertidumbre, se han ido los temores por un rato y ya estoy lista para recibirte Valentino,  lista para dejarme enamorar una vez más, para perderme en tu mirada y derretirme con tu sonrisa, para alzarte entre mis brazos todo el tiempo que sea necesario, para sostenerte cuando intentes caminar y levantarte las veces que caigas. Estoy lista para entregarte la otra parte de mi vida, esa mitad que había ido recuperando con los meses, pero que ahora te pertenece entera, porque mi corazón querido hijo - repartido entre tu hermano, tú y tu papá -  se me infla de sólo pensar que vienes en camino, que cada patadita que me das es una señal de que pronto estarás aquí, que pronto todo vuelve a empezar y que se puede ser en la vida, aún más feliz. ¡te amo!


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