Nuestra primera noche en Emergencias

miércoles, 30 de marzo de 2016



Estos días he estado desaparecida del blog y las redes, porque Luciano se enfermó, al parecer le dio un virus y estuvo vomitando la tarde del sábado, pero como ya eran varias veces, decidimos llevarlo a la clínica, pensando que lo hidratarían y regresaríamos a casa… cuando llegamos seguía vomitando, tanto así que ni siquiera nos pidieron el carnet del seguro ni nada, simplemente nos dijeron que pasáramos a emergencias primero…  Llegó con casi 38 de temperatura, no es muy alta, pero en los niños si se considera fiebre. El pobre estaba tan decaído que el sólo verlo, me angustiaba. ¿Cómo somos las mamás, no? tenemos un sexto sentido, definitivamente (es eso, o somos medio brujas! jaja). Esa noche le dije a mi esposo dos cosas que se cumplieron: que le iban a poner suero intravenoso y que nos íbamos a quedar (¡ninguna de las dos me creyó!)  A la tercera vez que vomitó en la clínica, luego de darle gravol y tratar de contenerle las náuseas, la doctora nos dijo que le pondrían ¡suero intravenoso!. Yo lo veía venir, porque estaba con los ojos que se le iban, no podía ni levantar el brazo y vomitaba ¡hasta el agua! lo más lógico era que el suero (que no es tan rico) también lo vomite, además ya los labios se le estaban poniendo blancos y secos, se estaba deshidratando.  Nos dijeron que estaría con el suero hasta la media noche y que luego verían si nos íbamos a casa o nos quedábamos y.... ¡salimos casi a las 10 de la mañana del día siguiente! 

Luciano pasó toda la noche con suero, paracetamol y gravol. Recién por la mañana tomó agua y luego galletas de soda y al no vomitarlas, le dieron de alta.  Esa noche, sin embargo, además del sexto sentido de mamá, comprobé que tenemos una fortaleza increíble. Mientras le ponían la vía en la mano ¡por primera vez! y César ayudaba a la enfermera para que Lu no se moviera,  yo trataba de contener mi propio llanto para darle ánimos, distraerlo y evitar que mirara la aguja y sólo sintiera el pinchazo una vez que ya se la hubieran puesto. Tenía el corazón hecho pasita y quería desesperadamente que esa vía me la pusieran a mi y no a el. Cuando sintió el pinchazo, lloró y sólo atiné a decirle que sabía que le estaba doliendo pero que el era muy valiente, que eso lo curaría y que pronto nos iríamos a casa, se lo decía en voz alta como para convencerme a mí también... ¡Cómo duele ver a nuestros hijos enfermos!


Esa noche la preocupación no me dejó dormir, descansé sólo un par de horas, sentía que tenía que estar despierta para acomodar la vía, ya que los niños se mueven y por más que esté con el sujetador debajo de la mano, el tubito se desacomoda y el suero deja de pasar, también necesitaba verificar que no se ahogara / atorara o quisiera vomitar y por ratos sólo me quedaba mirándolo, agradeciéndole a Dios que estuviera bien y pidiéndole que todo pase pronto.  La espalda me mataba y creo que Valentino también estaba preocupado por su hermano porque no dejó de patear en toda la noche, como diciéndonos aquí estoy yo también. Pensé que al día siguiente, Luciano estaría convaleciente aún y podríamos dormir un poco ¡falsas ilusiones! jajaja regresó a casa con todas las pilas puestas, es lo bueno de los niños, se recuperan en un dos por tres. Sin embargo, el lunes, volvió a vomitar, a tener temperatura y a decaerse, hasta que la medicina que le dieron terminó de hacer efecto y hoy fue al nido de nuevo, reincorporándose a su rutina habitual.   Dicen que es un virus que está dándoles a los niños, que dura 3 días, pero igual, tengamos en cuenta que, tanto los vómitos como la fiebre, (y la diarrea) hacen que los niños se deshidraten muy rápido y es importante que los vea un doctor y sepa cómo controlarlo e hidratarlos a tiempo (¡más aún con este calor!) 

Aprovecho y les dejo algunos tips que me dió el pediatra de Luciano cuando era pequeñito y que me han servido siempre que hemos tenido una urgencia médica.
  • Explicarle lo que le van a hacer los doctores, tratando de darles calma y tranquilidad, contándoles que es por su bien, que eso los va a ayudar a curarse más rápido y regresar a la casa  a jugar. Pero aquí es importante decirles la verdad, si sabemos que les va a doler, hay que decírselo, tal vez acompañándolo con un “pero no te preocupes, que mami y papi están acá y te van acompañar, cuidar y abrazar fuerte” o algo así. Eso ayudará a que nuestro peque sepa lo que viene y esté preparado, de nada serviría decirles que no les va a doler y que luego sientan el pinchazo, que sabemos muy bien que sí duele y les permitirá también aumentar la confianza en nosotros, porque sabrán que siempre les diremos la verdad.
  • Tratar de llevarles algún juguete. Eso les va a dar seguridad, sus juguetes son parte de su mundo, son como sus amigos y tenerlos a su lado los tranquilizará. En momentos de angustia y prisa, tal vez no atinemos a llevar el que más le gusta, pero bastará con que llevemos uno de todos. El sábado mientras salía, metí en mi bolso a Twilight Sparkle (su muñeca de las Equestria Girls) y su maletín de doctor con el que jugamos en casa. Ni bien llegamos a la clínica los saqué y pude ver que su carita se iluminaba cuando veía sus juguetes en la clínica, no dejó de abrazar a su muñeca hasta que se quedó dormido.
  • Finalmente y no menos importante, siempre, SIEMPRE, confíen en el instinto materno, a veces nos jugará malas pasadas, pero en la mayoría de casos está de nuestro lado. Si creemos que debe verlo un doctor, pues que lo vea. Es preferible que nos regresen a casa diciendo que todo está bien, a que dejemos pasar el tiempo y las cosas se puedan complicar.


Y a ustedes ¿Cómo les fue en su primera emergencia con sus peques? Si tienen algún tip que podamos usar en esos casos, agréguenlo para que así todas podamos aprender juntas.

Un beso,
¡Las quiero!

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