Mi adolescente en miniatura

miércoles, 13 de enero de 2016


No sé si es porque estoy embarazada o justo coincide con la edad de Luciano (3 años y medio) pero estos últimos días están siendo complicados, muy complicados.


¡Tengo un adolescente en miniatura en casa! que está poniendo de cabeza todo, se pasa el día retándome, como probando hasta dónde puede llegar, qué es lo que le vamos a permitir, qué cosa no, le hablo y parece no escuchar lo que le estoy diciendo (pero bien que me está escuchando) es como si le hablara en chino, me responde con una mirada ausente, sin mirarme a la cara y con desgano (y muchas veces ni me responde), me saca la lengua cuando algo de lo que le pido o le digo “no le parece” o no quiere hacerlo, se molesta y se va a su cuarto (en el mejor de los casos, en el peor, se queda a mi costado haciendo caso omiso a lo que le acabo de decir, como si yo no estuviera)

Mis cursos acelerados de negociación exitosa de los últimos 3 años, desaparecieron, el viejo truco de distraerlo con otra cosa, dejó de funcionar por completo, los mil argumentos de mamá son, cada uno, más inválido que el otro  y realmente es agotador, tanto física como emocionalmente, termino hecha trapo.

Al principio me angustiaba y no sabía qué hacer, cómo tratarlo o qué decirle y terminaba llorando de impotencia conmigo misma por no saber cómo actuar.  Después, la angustia fue dándole paso a la molestia, a la pérdida de paciencia (muy frecuente en mi últimamente, lo cual se lo atribuyo en su totalidad a las hormonas) porque claro, como no sabía qué hacer me descontrolaba muy rápido, pero él más difícil se ponía, en vez de entender lo que le estaba diciendo o pidiendo, se enojaba más también y parecíamos dos niños rabietudos, viendo quien "ganaba la batalla", me olvidaba por completo que el adulto era yo. 

Sin embargo, ayer me di cuenta que esta situación no nos va a llevar a ningún lado, solamente va a complicar más las cosas, para ambos. Ayer se portó tan mal, pero tan mal, que fue como una cachetada que me hizo reaccionar, recuperar mi paciencia (y guardar un poco para emergencias), me recargó y aunque parezca extraño, no le dije nada en ese momento, pero noté en su mirada que el sabía lo que había hecho, fue como si el también se hubiera liberado de un peso. Los dos respiramos. Hoy, más calmados, conversamos, le expliqué lo que había pasado, le pregunté qué pensaba al respecto, le di un castigo ¡su primer castigo! y el pareció entender todo, como si supiera que lo merecía.

Estoy segura que momentos como los de ayer, vendrán más, que esto recién empieza y que cuando nazca el bebé las cosas se complicarán aún más, pero también, ahora entiendo que es parte de crecer, que está atravesando por un montón de cambios emocionales, que está sintiendo miedo, un miedo que no sabe cómo controlar ni expresar y lo soluciona tratando de llamar la atención de alguna manera. Sumado a que también está en una edad difícil de por sí sola, donde ya se conocen un poco más, ya están, según ellos, más independientes, más grandes, más capaces. Una edad en la que ya se creen con poder suficiente para decidir qué está bien o mal para ellos y qué es lo que quieren o no hacer. 

Esta rebeldía repentina es algo normal y de lo cual, me temo decirles, no nos vamos a escapar, tarde o temprano va a aparecer y tenemos que estar ahí, preparadas para afrontarlo de la mejor manera, con mucha más paciencia, tolerancia, empatía y sobre todo, el mismo amor. Recordando (aunque es bastante difícil a veces) que necesitan de toda nuestra calma para aprender a expresar sus emociones.

Definitivamente, la maternidad nunca dejará de enseñarnos algo, es un aprendizaje continuo, una sobrecarga de emociones y experiencias, que aunque me de con palo muchas veces, no cambiaría por nada del mundo.... ni siquiera por un día en una paradisíaca playa en algún lugar lejano, muy lejano ¿o si? jajaja... nooo, claro que no!

¡Bienvenida adolescencia precoz! I'm ready :D

Un beso,
Las quiero mucho!

Image and video hosting by TinyPic