Paletas de fruta

sábado, 30 de enero de 2016

Hoy les traigo una receta que, particularmente, me trae muchos recuerdos de infancia, mi mamá solía prepararnos chups o marcianos de fruta cuándo eramos niños, para tener en casa y que podamos refrescarnos en el verano ¡Me encantaban! soñaba con llegar a comerlos por que eran buenazos y súper refrescantes. Como son las cosas ¿no? ahora yo se los preparo a mi hijo :)  

Lo bueno es que son fáciles, rápidos, nutritivos y sobre todo muy ricos... Nosotros los hicimos con durazno que es la fruta favorita de Luciano, pero pueden utilizar cualquier tipo de fruta, la que más les guste. El secreto está en que esté madura, ya que así estará más dulce y no requerirá de mucha azúcar.



Como los duraznos se negrean muy rápido, primero hay que cocerlos con una raja de canela y azúcar (esta última va a depender de la cantidad de fruta que utilicemos y de nuestro gusto, por ejemplo, nosotros pusimos casi media taza por alrededor de 12 duraznos)

Una vez que estén cocidos, les quitamos la pepa y los licuamos con un poco del líquido donde se cocieron, hasta lograr la contextura adecuada (no muy líquida, que tenga algo de espesor) y finalmente se vierten en los moldes para paletas, se llevan al congelador por unas horas y ya estarán listos para disfrutar J





Espero que les guste y los preparen en casa! 

Un beso,
¡Los quiero!

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Pd: *Si quieren, pueden intercalar la mezcla con el yogurt que más les guste (queda riquísimo con el natural), es decir, vierten un poco del jugo de durazno, un poco de yogurt y así hasta completar el molde. 


**Para desmoldarlos, pueden sumergirlos unos segundos en un vasito con agua tibia y/o dejar caer sobre ellos un poco de agua, como cuando sacamos los hielos de las cubetas.

¿Qué hacer en vacaciones?

miércoles, 27 de enero de 2016


Muchas veces estamos en casa durante las vacaciones y nos rompemos la cabeza pensando qué podemos hacer con los chicos para salir de la rutina, divertirnos un rato y pasar un tiempo en familia y no se nos ocurre nada que no sea lo habitual. 

El otro día, justamente, mientras pensaba que hacer con mi hijo, se me vinieron a la cabeza algunos de los juegos que hacía en casa o en el parque con los amigos cuando era pequeña y que me divertían un montón... Y me di con la sorpresa que varios de ellos no los había jugado con Luciano, es más, nunca se los había ni mencionado. 

Por lo que me di la tarea de hacer una lista con algunos de ellos y con otras actividades que encontré en Internet y me di cuenta que es mucho más fácil tener un check list de cosas que podemos hacer con los chicos durante la semana, el mes o el tiempo de vacas, cosa que así recurrimos a ella cuando no tengamos idea de qué hacer o incluso, alguno se puede volver el favorito en casa. 

Aquí les comparto la lista, verán que varios de ellos son cosas muy sencillas, que no necesitan de mayor inversión, que han estado ahí al frente nuestro mucho tiempo y no nos hemos dado cuenta y que, nos permiten disfrutar en familia, lejos de la tecnología, los juguetes o lo cotidiano. 

Mis favoritos eran hacer campamento en casa, jugar con las compras del mercado, hacer una guarida secreta con las almohadas de la cama de mi mamá o pintar con mis dedos... ¿y los suyos? se animan a jugarlos con los peques? :)

¡Me cuentan! 


Un beso, 
¡Los quiero!

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Mi historia de princesas y castillos...

viernes, 22 de enero de 2016


Fuente Imagen: www.somosmultiples.es

La fecha de mi siguiente consulta se acercaba y no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero a mí me dan unas ganas locas de que llegue el día y pueda verlo un ratito, aunque sea tan sólo a través de la ecografía, ver cuánto ha crecido, escuchar sus latidos, saber que está bien… Pero esta vez había algo más,  la posibilidad de que me digan si era hombre o mujer.

Cuando salí embarazada de Luciano estaba completamente segura que era hombre, digamos que el 6to sentido me lo decía claramente, no había dudas en mí  y a decir verdad, no me imaginaba mi vida siendo mamá de una niña. Sin embargo, ahora sentía todo al revés, desde el embarazo, los síntomas, los presentimientos… había algo que me animaba dentro de mí a hablarle como si fuera una niña (así como cuando sabía que Lu era hombre), estaba segura que me dirían que vendría otra yo en versión mini y recargada, a completar nuestra familia y la sola idea, me hacía feliz.

Por el otro lado, mi esposo, más precavido que yo, decía que no tenía preferencias, aunque sospecho que muy en el fondo tenía la misma ilusión que yo en que llegara una niña.  En cuanto a Luciano, el nunca dudó, supo perfectamente lo que quería, le hablaba a su herman@ como si fuera hombre,  estaba convencido que así sería y a quien le diera la contra, le respondía (o corregía) sin inmutarse, diciendo: ¡Es hermanito!  Lo supo desde el primer momento.  Me asustaba por ratos esa vehemencia con la que defendía que era hombre, me hacía pensar ¿y qué si fuera mujer?... Hasta que un día, muy contento (como si entendiera lo que le preocupaba a mamá) me dijo, “mami, si es hermanita la voy a querer mucho, pero créeme, es hermanito” Resultado, mamá más asustada aún.

El día de la ecografía llegó, Luciano miraba la pantalla donde se veía al bebé, al doctor y a nosotros con cara de ¡se los dije! Aún antes de que el doctor dijera algo.

Le preguntó, aunque sólo para confirmar,  en el tono de quien sabe la respuesta, “¿dotor, es hermanito o hermanita?” ¿tú qué quieres?  preguntó el doctor. ¡Hermanito! dijo sonriendo.  Al rato, el doctor río también, lo miró y sentenció… ¡ES HOMBRE!  ¿Ya ven? ¡Se los dije!, comentó Luciano, sin poder ocultar la alegría enorme que sentía...

Durante unos pequeños minutos, me quedé sin aire, mi sueño de princesas y castillos desapareció y caí en cuenta que seguiré rodeada de trenes, carros,  calzoncillos, patadas, juegos bruscos y pedos por algunos años más… 

El primer día, no les miento, me costó asimilarlo un poco. Tal vez por la idea que, sin querer, me había hecho, tal vez por la imagen que todo el mundo te vende de la familia feliz con la parejita, tal vez porque tenía toda la ropa de mi sobrina heredada en el clóset y había soñado con las falditas y vestiditos tan monos durante los últimos 4 meses. No lo sé. Ese día lloré, me sentí triste y me di permiso de sentirme así.  Aunque tenía mis momentos en los cuales me requintaba diciéndome ¡Es tu hijo! ¿Qué estás pensando, mala madre?, ¡Cómo puedes estar triste!

Al día siguiente estaba, como cual resaca, mal, mal, mal…  tenía un cargo de conciencia espantoso, le hablaba a mi barriga pidiéndole perdón por haberme entristecido tan egoístamente y de pronto, sin darme cuenta, me encontré a mí misma sonriendo ante la idea de ser mamá de otro hombre. Pensando en todo lo que se me venía, en las travesuras dobles que harán, las caídas, los juegos, los alborotos, los vidrios rotos, los pelotazos en la sala, las peleas por ordenar el cuarto  ¡la complicidad entre ellos! y me sentí fascinada. Sin parar de reírme,  miré mi barriga una vez más y le dije: Sólo les voy a pedir una cosa ¡Tengan piedad de su madre! jajajaja...

Ese día entendí que no había nada más hermoso para mí en este momento, que la idea de estar rodeada de hombres se hacía cada vez más atractiva y me llenaba de cosquillas el cuerpo…  ¿por qué pensar que mi sueño de castillos y princesas había desaparecido? cuando al contrario, un príncipe más llega a mi castillo, a completar mi familia, a contribuir con nuestras aventuras y a escribir nuestra propia historia, en la que tal vez, por qué no, algún día se incorpore una princesa… u otro príncipe más... Ya que no importa si es hombre o mujer, se les ama con la misma intensidad y locura, con la misma emoción... vienen a llenarnos de una manera inexplicable, a hacernos ¡mucho más felices!

Bienvenido mi niño a mi vientre, a nuestro mundo, a nuestra familia... 
¡Tu hermano, tu papá y yo, te esperamos con muchas ansias! 



                                    
Un beso, 
¡Los quiero!

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Volcanes de lava de colores

viernes, 15 de enero de 2016

Hace unos días encontré un experimento para niños que me pareció mostro, ideal para hacer con los peques en esta época de vacaciones, que tienen toda la energía recargada y las ganas de explorar a flor de piel.

La carita de Luciano mientras veía como todos los materiales que había mezclado se iban transformando en un volcán que erupcionaba lava de colores, lo era todo.

El experimento es súper sencillo, no requiere de muchos materiales y/o presupuesto, es divertidísimo y lo mejor de todo es que lo pueden hacer ellos mismos.

Necesitaremos tan sólo:
  1. Vinagre blanco.
  2. Jabón líquido (de preferencia el que usamos para lavar platos)
  3. Colorante de repostería (en los colores que quieran) o temperas líquidas.
  4. Bicarbonato de sodio (en las farmacias venden unos frascos de 100grs a 2.50 más o menos, sale más barato y rinde mucho más, que comprar los sobres en el mercado o tiendas de repostería)
  5. Frascos de vidrio (de preferencia de boca angosta, 1 para cada color que elijamos) 

Manos a la obra mis pequeños científicos: 

  • Llenar los frascos de vidrio con el vinagre, hasta la mitad .
  • Agregar unas gotas de los colorantes  (cada color en un frasco) y mezclar.




  • Agregar una o dos cucharadas de jabón líquido y mezclar nuevamente.




  • Cuando ya tengan todo mezclado, agreguen, por lo menos, un par de cucharadas de bicarbonato de sodio (dependiendo del tamaño del frasco) y prepárense para la parte más emocionante de todas…. ¡El volcán hará erupción! J





Lo que descubrí, tan emocionada como mi hijo, es que la espuma es la reacción del bicarbonato con el vinagre, así que, una vez que deje de brotar la lava, pueden agregar más bicarbonato para que vuelva a empezar y así cuantas veces quieran, para tener la diversión garantizada por un tiempo más :)

Espero que les guste, les sirva y la pasen bien haciéndolo juntos. Los experimentos caseros nos traen una alternativa de entretenimiento que genera emoción, sorpresa y despierta nuestras ganas de explorar y crear. Estos días prometo traerles muchos experimentos más para hacer en casa con los más pequeños.


Un beso,
Los quiero!

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Pd: No se olviden de ponerle un mandil al pequeño científico para que pueda explorar tranquilo y colocar los frascos sobre papel kraft o papel periódico, ya que la superficie se va a mojar a la hora que el volcán haga erupción... y si que se va a mojar ;) 

Mi adolescente en miniatura

miércoles, 13 de enero de 2016


No sé si es porque estoy embarazada o justo coincide con la edad de Luciano (3 años y medio) pero estos últimos días están siendo complicados, muy complicados.


¡Tengo un adolescente en miniatura en casa! que está poniendo de cabeza todo, se pasa el día retándome, como probando hasta dónde puede llegar, qué es lo que le vamos a permitir, qué cosa no, le hablo y parece no escuchar lo que le estoy diciendo (pero bien que me está escuchando) es como si le hablara en chino, me responde con una mirada ausente, sin mirarme a la cara y con desgano (y muchas veces ni me responde), me saca la lengua cuando algo de lo que le pido o le digo “no le parece” o no quiere hacerlo, se molesta y se va a su cuarto (en el mejor de los casos, en el peor, se queda a mi costado haciendo caso omiso a lo que le acabo de decir, como si yo no estuviera)

Mis cursos acelerados de negociación exitosa de los últimos 3 años, desaparecieron, el viejo truco de distraerlo con otra cosa, dejó de funcionar por completo, los mil argumentos de mamá son, cada uno, más inválido que el otro  y realmente es agotador, tanto física como emocionalmente, termino hecha trapo.

Al principio me angustiaba y no sabía qué hacer, cómo tratarlo o qué decirle y terminaba llorando de impotencia conmigo misma por no saber cómo actuar.  Después, la angustia fue dándole paso a la molestia, a la pérdida de paciencia (muy frecuente en mi últimamente, lo cual se lo atribuyo en su totalidad a las hormonas) porque claro, como no sabía qué hacer me descontrolaba muy rápido, pero él más difícil se ponía, en vez de entender lo que le estaba diciendo o pidiendo, se enojaba más también y parecíamos dos niños rabietudos, viendo quien "ganaba la batalla", me olvidaba por completo que el adulto era yo. 

Sin embargo, ayer me di cuenta que esta situación no nos va a llevar a ningún lado, solamente va a complicar más las cosas, para ambos. Ayer se portó tan mal, pero tan mal, que fue como una cachetada que me hizo reaccionar, recuperar mi paciencia (y guardar un poco para emergencias), me recargó y aunque parezca extraño, no le dije nada en ese momento, pero noté en su mirada que el sabía lo que había hecho, fue como si el también se hubiera liberado de un peso. Los dos respiramos. Hoy, más calmados, conversamos, le expliqué lo que había pasado, le pregunté qué pensaba al respecto, le di un castigo ¡su primer castigo! y el pareció entender todo, como si supiera que lo merecía.

Estoy segura que momentos como los de ayer, vendrán más, que esto recién empieza y que cuando nazca el bebé las cosas se complicarán aún más, pero también, ahora entiendo que es parte de crecer, que está atravesando por un montón de cambios emocionales, que está sintiendo miedo, un miedo que no sabe cómo controlar ni expresar y lo soluciona tratando de llamar la atención de alguna manera. Sumado a que también está en una edad difícil de por sí sola, donde ya se conocen un poco más, ya están, según ellos, más independientes, más grandes, más capaces. Una edad en la que ya se creen con poder suficiente para decidir qué está bien o mal para ellos y qué es lo que quieren o no hacer. 

Esta rebeldía repentina es algo normal y de lo cual, me temo decirles, no nos vamos a escapar, tarde o temprano va a aparecer y tenemos que estar ahí, preparadas para afrontarlo de la mejor manera, con mucha más paciencia, tolerancia, empatía y sobre todo, el mismo amor. Recordando (aunque es bastante difícil a veces) que necesitan de toda nuestra calma para aprender a expresar sus emociones.

Definitivamente, la maternidad nunca dejará de enseñarnos algo, es un aprendizaje continuo, una sobrecarga de emociones y experiencias, que aunque me de con palo muchas veces, no cambiaría por nada del mundo.... ni siquiera por un día en una paradisíaca playa en algún lugar lejano, muy lejano ¿o si? jajaja... nooo, claro que no!

¡Bienvenida adolescencia precoz! I'm ready :D

Un beso,
Las quiero mucho!

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¡Vamos a ser papás, otra vez!

miércoles, 6 de enero de 2016


Cuando salí embarazada de mi primer hijo, mi esposo trabajaba fuera de Lima, en ese entonces, sólo estaba una semana al mes en casa y justo me enteré a los días que se había ido y no pude aguantarme la emoción 3 semanas, para contarle que seríamos papás… así que lo llamé por teléfono y le dije. Lloramos juntos, pude sentir su felicidad, pero no pude ver su expresión ni abrazarlo hasta que llegara, me quedé con las ganas de darle la sorpresa y ver su alegría….  Por lo que esta vez, me prometí que sería diferente.

Cuando tuve la sospecha de que podía estar embarazada, no le dije nada a nadie, salvo a mi mamá y a mi papá, me compré la prueba de embarazo casera una noche antes (con eso de que tiene que ser con la primera orina) y la guarde. Al día siguiente, me levanté más temprano que de costumbre, esperé que se fuera a trabajar e hice la prueba… mis papas me esperaban afuera igual de nerviosos que yo, cuando salí con el resultado positivo, nos fuimos a la clínica a re confirmarlos, me hicieron un análisis de sangre y voila! Efectivamente estaba embarazada, tenía alrededor de 4 semanas…

Estaba emocionada, muerta de la felicidad y de nervios, de regreso a casa iba pensando cómo le diría a mi esposo que seríamos  papás otra vez…  manejé de frente a una tienda que está por mi casa que me encanta y compré una cajita de regalo, una tarjeta de baby girl y una de baby boy porque no sabía qué sería, compré papel trozado sin tener bien en claro que haría con todo eso… mi esposo estaba por llegar y yo soy muy mala (pésima) ocultando mis emociones, así que tuve que pensar rápido…

Y esto fue lo que hice, en el fondo de la caja metí el papel trozado, luego coloqué las dos tarjetitas, la prueba casera y finalmente la prueba de sangre… cerré la caja con un moño y la guardé. Cuando llegó mi esposo, le dije que quería hablar con él, que le tenía un regalo y me senté a mirarlo abrir la cajita, mientras jalaba cada lazo mi corazón brincaba, tenía un nudo en la garganta, cuando abrió la primera prueba, la leyó sin darse cuenta muy bien que era, mientras iba descubriendo cada cosita dentro de la caja, sus lágrimas empezaron a caer, me miró incrédulo y yo sólo asentí sin decir nada…  Nos abrazamos y fueron los minutos más hermosos, pude ver cada expresión de felicidad, cada lágrima de emoción y me sentí tan bendecida… conversamos un rato y decidimos ese mismo día contarle a Luciano también, juntos, que sería el hermano mayor, algo asustados, pero felices.




Les puedo jurar, que ha sido una de las sorpresas más hermosas que le he dado a mi esposo y verlo tan feliz fue mi mejor regalo. Hay un montón de maneras de decir que vamos a ser papás por primera, segunda o tercera vez, y no necesitan de mucho presupuesto, simplemente un corazón lleno de alegría y un poco de suspenso.

¡Aquí les dejo un link buenazo con algunas ideas que encontré en Pinterest, para que se animen a sorprenderlos y llorar de emoción juntos!   Denle click aquí:   Vamos a ser papás 
¡Espero les sirvan!

¡Un beso grande, los quiero!

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Pd: Post escrito para Mamás Blogueras Peruanas 

Al agua pato!

lunes, 4 de enero de 2016


El año pasado matriculé a Luciano en clases de natación (sólo 2 meses: enero y febrero)  lo hice por un tema de deporte, de ejercicios, (también de monería lo acepto!) pero principalmente porque entraría conmigo y me pareció que sería una linda actividad juntos, no me di cuenta muy bien lo que realmente era, hasta que note el cambio.

Les cuento que antes de la natación, Lu se metía a la piscina conmigo o con su papá pero no le gustaba que le cayera agua en la cara, gritaba como loco cuando le caía una gota, no quería agarrarse de las barandas sólo quería estar cargado y en la ducha era igual, todo era hermoso hasta que tocaba lavarle la cabeza y la canción criolla, despertaba a todo el edificio.  Sin embargo, después de las clases, ya aceptaba que le mojaran la cara, que le lavaran la cabeza, que le salpicaran agua y lo más increíble de todo, ya quería estar en la piscina él sólo, siempre y cuando tuviera sus flotadores. Lo seguía persiguiendo, como loca, pero esta vez era para que no se vaya tan lejos... 

Este año, lo he vuelto a meter pero esta vez me arriesgué a hacerlo ya en el grupo de 4 años, donde entra solito. Las clases duran una hora, los hacen perderle el miedo al agua y saber reaccionar si se caen, si se tropiezan, si tragan agua y les enseñan a respirar dentro de la misma. Lu recién está haciendo burbujitas, porque si bien es cierto, ya acepta que le caiga agua aún no es de lo que más le gusta jejeje...

Hoy, mientras lo veía en la piscina nadando, entendí algunas otras cosas más sobre la natación, que no había entendido el año pasado en mi monería, y es que aparte de enseñarles a nadar, les enseña a tener disciplina, a vencer el miedo, a confiar en ellos, a sentirse seguros aún en situaciones que no pueden controlar, por lo que he prometido mantenerlo en clases durante todo el año, no sólo en el verano.



Les dejo unas recomendaciones que me dieron a mí también cuando me animé a inscribirlo en clases:
  • Dejemos que ellos avancen a su ritmo, no los apuremos, no pretendamos que sepan nadar a la primera o que pierdan el miedo al agua en la primera clase y no importa si un niño avanza más rápido que nuestro hijo, porque cada uno es distinto, cada uno experimenta de otra forma y le cuesta más o menos asimilar sus miedos.  Recuerdo que las 3 primeras clases pensaba que meterlo había sido un error, porque Luciano no quería ni que le caiga una gota de agua y hasta lloraba, pero a la 4ta o 5ta clase solito quiso entrar, empezó a familiarizarse con el agua, con las misses y con la nueva rutina, lo único que necesitamos, es paciencia, como en todo lo relacionado a los peques.
  • De preferencia, optemos por escuelas o academias que estén cerca de nuestra casa para que los peques puedan ir caminando, en bici, en scooter o pasar por el parque un rato al regreso, así se les hace más entretenido incluso.
  • No nos olvidemos de llevar una lonchera para después de nadar, entrenar o jugar, puede ser un yogurt bebible, una fruta o un pancito /galletas con lo que más le guste J los ayudará a recuperar energías (además que terminan con un hambre, que si no, nos comen a nosotras)

Las escuelas de natación ofrecen diferentes programas para los más pequeños y varían en cuanto a precio y a tiempos:
  • Mamá y bebé: Es para bebés de 6 meses a 4 años, entran los dos, duran apróx 30 minutos, y la frecuencia puede ser diaria, interdiaria, 1 o 2 veces por semana.
  • A partir de los 4 años ya pueden ingresar solos (dependiendo del bebé y la mamá) las clases duran (dependiendo de la escuela) entre 45 minutos a una hora, la frecuencia es la misma.
  • Mayores de 7 años, algunas escuelas ofrecen descuentos especiales para los niños mayores de 7 años que sepan nadar o tengan interés en aprender rápido, para que se integren a su programa de competencias y las clases, en ese caso, son diarias. 


La natación es uno de los deportes más completos en cuanto a salud, ejercicio y disciplina. Además de ser muy útil para toda la vida :) vale la pena aprenderlo desde pequeños ¡Se los recomiendo!
(Además, las peleas en la ducha por que no le caiga agua, se acabarán, se los aseguro! jejeje)

¡Felices vacaciones! Ya les iré compartiendo algunos datos sobre lo que podemos hacer en estos temibles meses de vacaciones y si uds tienen tips y datos, compártanlos también.

Un beso grande
¡Los quiero!

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