Mamá, ¡déjame llorar!

viernes, 30 de octubre de 2015


Muchas veces cuando veo a mi hijo llorar se me parte el corazón (en realidad, no muchas veces, sino ¡siempre!) pero hay momentos, en los que no me puedo contener y trato de evitar que llore, no por un tema que no quiera que llore o por ese tonto refrán de que “los niños no lloran”, sino, por el simple hecho de que mi cabeza automáticamente piensa que mi hijo está triste y yo lo que más quiero en la vida, es que sea feliz. Por lo tanto, tengo que evitar que esté triste, es una reacción casi inmediata e inconsciente.

Pero hoy día, mientras regresaba a casa después de dejarlo en el nido, se me vino a la mente el episodio de la mañana, cuando él lloraba y yo le decía que tenía más motivos para estar feliz que para estar triste, que dejara de llorar por gusto, que la vida es muy bonita, que hay que sonreír (parecía alegría tratando de convencer a tristeza en Intensamente!) y me dí cuenta que estaba cometiendo un grave error.

En ese momento entendí (no sé cómo) que NO debo reprimir el llanto de mi hijo, al contrario, el está expresando lo que siente, está llorando porque algo le molesta, porque algo no le gusta, porque no se quería separar de mí (estos últimos días se ha convertido en mi sombra, ¡literalmente!) porque no me iba a quedar a su fiesta de Halloween en el nido o porque simplemente quería llorar en ese momento y yo NO DEBO evitarlo. El tiene que expresarse y si aún no sabe decir lo que siente con palabras, su único medio de hacerlo será llorando. Y la mejor manera que tengo de ayudarlo, no es evitando que llore, ni reprimiendo su llanto. Por el contrario, es escuchándolo, tratando de ponerme en su lugar, entenderlo, abrazarlo, hacerle saber que estoy con el, que está bien lo que está sintiendo,  ya sea molestia, cólera, tristeza, desgano, lo que fuere, pero el tiene que saber que está bien sentirlo e ir ayudándolo a manifestar en palabras aquello que lo hace sentirse así, poco a poco y con mucha, mucha paciencia.

Llegué a casa con un nudo en la garganta, me sentía mal por no haber sabido entender a Luciano en algunos momentos, por pretender que nunca esté triste, por minimizar los motivos que lo hacían llorar en mi afán de querer verlo feliz siempre. Olvidé que es niño, que aún no sabe cómo enfrentar sus miedos, sus penas, sus angustias. Olvidé que está aprendiendo y que yo estoy aquí no para juzgarlo sino para acompañarlo, para comprenderlo y para guiarlo. Olvidé que yo soy la adulta, no él. 

Prendí la laptop y entré a buscar algo que me ayudara a aprender, a saber qué es lo que tengo que hacer y encontré unos textos muy interesantes que quiero compartir con ustedes, que me hicieron darme cuenta de lo equivocada que estaba, que tengo que modificar mi actitud frente a mi hijo y dejarlo llorar cuando el necesite hacerlo, así como lo hago yo, cuando lo necesito, ya que al reprimirlo, no lo hago más fuerte y mucho menos más feliz, sino sólo lo estoy frustrando y volviéndolo más vulnerable.

  • Expresar abiertamente sus sentimientos sin que estos sean cuestionados o minimizados por sus padres aporta al niño seguridad, aumento de su autoestima y un refuerzo muy importante del vínculo afectivo entre padres y niño. (Paternidad con Apego – www.paternidadconapego.com)

  • Permitir el llanto, no es abandonar al bebé en su llanto, es acompañar al bebé en lo que siente. (www.primal.es/infancia)  

  • Finalmente, leí una entrevista al pediatra Carlos Gonzáles, que les recomiendo leer completa, si tienen tiempo, de todas maneras, aquí les copio una parte, donde una mamá le pregunta qué puede hacer, porque su hija de 4 años, cada vez que le dicen que se acabó el juego, ya no más tele o es hora de dormir se pone a llorar.  El respondió “…Prueba tú en un cine, antes que se acabe la película; parar, encender las luces y decir “bueno señores, ya se pueden ir”. Habría una revolución, la gente protestaría, patearía, rompería cosas. Entonces, si incluso un adulto se enfada mucho cuando tiene que dejar de hacer algo que le gustaba o cuando tiene que ponerse hacer algo que no le gusta, pues es lógico que un niño también. Eso no quiere decir que puede jugar eternamente, pues evidentemente no puede. Pero lo que se trata es, sobre todo, de comprender que nuestro hijo no es raro, ni está mal educado, ni es patológico, ni se está convirtiendo en un delincuente juvenil, no, simplemente está siendo lo que es normal a su edad. Entonces ¿qué podemos hacer? Bueno, como somos más viejos, más altos, más fuertes y más inteligentes, o por lo menos eso se supone, pues intentar reconducir la situación con diplomacia y con mano izquierda.  No cuesta nada que en vez de decir; “se acabó, ya no juegas más”, pues decir; “venga, vamos a guardar los juguetes, que los juguetes tienen mucho sueño y van a dormir”. Y como evidentemente el niño no va a guardar los juguetes, pues los vas guardando tú, fingiendo que lo guarda el niño…“Vamos a guardar el elefantito, mira que bien lo hemos guardado aquí, venga elefantito a dormir, dale un besito al elefantito (...) no sé, cosas así. (Chile Crece Contigo - www.crececontigo.gob.cl/adultos/columnas/manejo-respetuoso-del-llanto


Fuente Imagen: Educa Peques www.educapeques.com


Espero que les sirva, como a mi. 
¡Un beso grande!

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El Parque de los Anillos - Ate

martes, 27 de octubre de 2015


En las vacaciones pasadas conocimos un parque nuevo, en Ate, ¿recuerdan que se los mostré por Instagram y Facebook? Pues bien, hoy con un poquito más de tiempo les quiero contar que tal nos pareció el parque y permitirme explayarme un poco más. 

Es bastante grande, está en medio de toda la carretera, cerca al peaje de Camacho y a la Av. Separadora Industrial, por lo que viene a ser como los pulmones de ambas avenidas. Cuando entramos, por la parte de los juegos, medio que me desanimé y pensé que sería distinto, pero ni bien di algunos pasos más, me enamoré. El parque está rodeado de árboles enormes que te dan la sensación de no estar en medio de la ciudad, sino en el campo, los jardines te invitan a descansar y el paisaje  se va haciendo más bonito cada vez.


Encontramos una laguna donde hay un ganso de color negro :) (¡nunca antes había visto uno de ese color!) blanco, patos y peces, a los cuales les puedes dar de comer y además hay botes para pedalear también (5 soles por persona y niños menores de 3 años no pagan) En el centro tiene unos anillos que al girar botan agua y le da un toque muy lindo y diferente.




En el parque también hay una zona de animales, donde se pueden ver los pavos reales, (tuvimos la suerte de ver justo cuando uno abría todas sus plumas, es un espectáculo, se ve hermoso!) aves, y al frente, llamas y alpacas :)




También tiene una zona de juegos sin costo (columpios, resbaladeras, para trepar) y otra de juegos mecánicos con costo. 





Adicionalmente, hay Motocars para pasear por un pequeño circuito, una canchita de fútbol para jugar y una zona para preparar parrillas. También un restaurante donde venden comida o menús y kioscos para comprar galletas, canchita, agua, entre otros. Los baños cuestan 0.50 céntimos pero están limpios y se encuentran tachitos de basura cada cierto tramo. 

En general es un buen lugar para ir a pasear y pasar un rato en familia. ¡Se los recomiendo! 



Pd; Yo fui sin carro, así que no sabría decirles si hay estacionamiento y se me pasó preguntar, pero mejor sería, por si no conocen, ir en taxi. 

Espero que les guste.
Un abrazo!

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Curando el mal de ojo

lunes, 26 de octubre de 2015


Cuando mi hijo tenía un año, nos fuimos una semana al trabajo de mi esposo. Una noche, de pronto, el bebé no podía dormir y empezó a llorar muy fuerte y no dejó de hacerlo hasta la mañana siguiente, cuando recién se calmó. Así pasó 2 noches seguidas, no sabíamos por qué era, nunca nos había pasado. Al tercer día, una de las personas que trabajaba con César, nos comentó que podría ser mal de ojo, susto o energía negativa y que si queríamos le podía pasar el huevo, que ella sabía cómo hacerlo.
Yo nunca lo había hecho y sinceramente, creía que esas cosas no funcionaban. Pero como estaba a 4mil metros de altura, lejos de mi familia, el bebé ya llevaba 2 noches llorando angustiado, acepté, lo peor que podría pasar es que siguiera llorando.

Esa noche, le pasaron el huevo, tardaron como 5 minutos y una vez que todo terminó, mi hijo se quedó profundamente dormido hasta el día siguiente. Salió tan cargado ese huevo cuando lo reventaron, que me dijeron que al día siguiente necesitaría otra  pasada y así fue. A la noche siguiente volvimos a hacerlo y el huevo terminó de botar los restos de energía, digamos, pesada.



Para nosotros fue una sorpresa que funcionara, yo no podía entenderlo, me parecía increíble que el sólo hecho de pasarle el huevo pudiera limpiar y tranquilizar a mi hijo de esa manera. Hace poco, una noche, después de más de dos años. Luciano empezó a llorar nuevamente, de la nada, mientras dormía, no eran llantos de dolor sino de pesar, se le notaba ansioso y principalmente asustado.

Cuando despertó empezó a patearnos y a gritar, me asusté, lo abracé  y trataba de calmarlo pero no podía, el lloraba más fuerte aún y yo empecé a llorar con el de la desesperación. En ese momento me acordé de ¡el huevo! Pero eran más de las 11 de la noche ¿Dónde encontraría alguien que supiera pasarle el huevo a esa hora? Traté de recordar cómo se lo habían pasado la primera vez, mientras buscaba en Internet algo que me sirviera de guía y me animé a pasárselo yo misma.

El resultado fue, nuevamente increíble, en medio de todo, mi hijo se quedó profundamente dormido hasta el día siguiente, calmado y tranquilo. Una vez que reventé el huevo, tenía la yema como cocida y burbujas que salían hacia arriba. Según la interpretación que vi en Internet, era energía negativa. Recordé que ese día nos habíamos juntado con algunas personas que no conocíamos y pensé que tal vez, eso podía ser.

A nosotros nos funcionó mucho. Le comenté a mi mamá y me dijo que ella en algún momento le pasó el huevo a mi hermano también y que el resultado fue el mismo. Hoy les quiero contar cómo hice, por si en algún momento, se animan a hacerlo.
  1. El huevo tiene que estar fresco (no de la refrigeradora, sino a tiempo).
  2. Pasan el huevo de la cabeza a los pies, rezando el Padre Nuestro, haciendo la señal de la cruz. (No se olviden de rezar, esa es la parte más importante y hacerlo seguido mientras van pasando el huevo)
  3. Se debe pasar bien por la cabeza, las palmas de las manos y de los pies.
  4. Una vez que terminan de pasarlo, inmediatamente deben romper el huevo en un vaso con agua, echarle un poco de sal y vaciarlo por el inodoro. 

 Para interpretar los resultados, les copio la información que yo encontré en Internet:
  1. Si salen muchas burbujas rodeando la yema o brotan hacia la parte de arriba, es el aire, lo que pasa es que la carga de energía negativa de demasiada y el niño puede estar muy cansado, sin fuerzas para hacer las cosas, incluso hay quien manifiesta dolores de cabeza, de cuerpo o mareos.
  2. Una especie de manto cubre la yema, esto pasa cuando alguien constantemente lo está molestando, el huevo jala todo lo malo que le están haciendo.
  3. Cuando el niño tiene mal de ojo, el huevo se pone turbio, hay muchos picos y muchas burbujas.
  4. Si tiene dolores de cabeza o malestares en todo el cuerpo, es muy común que haciendo una limpia con huevo desaparezcan, esto pasa debido a las energías negativas (las propias y las que jalan) se acumulan y no tienen manera de salir.
  5. Cuando la yema parece cocida, está caliente y queda muy blanca la clara; es símbolo de que hay energías negativas moviéndose en el ambiente y debes limpiarlas.
  6. Telarañas, son muestra de envidia.
  7. Si el huevo se revienta cuando lo estás pasando no es de preocuparse, es que hace mucho las energías negativas rondan, toma otro huevo y vuelve a empezar, el otro lo tiras sin quebrarlo.

Las fuentes que utilicé ese día, son:

 Espero que les sirva, me comentan si ya lo han hecho.
¡Un beso!

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Pueden encontrar este post también en: Mamás Blogueras Peruanas

Galletas de Avena

viernes, 23 de octubre de 2015


Hace poco tuvimos la fiesta de la comunidad de mamás blogueras  ¿recuerdan que les conté? Ese día tuvimos muchos regalos de varias marcas, entre ellas, 3 ositos, que nos dio algunas de sus presentaciones de Avena y me encontré con 2 que yo no conocía: Avena Chocolate y Quinua Avena. A penas las vi pensé en un sola cosa "Galletas" jajaja.... es la única manera en la que logro que Luciano, al menos, pruebe la avena (¡y con lo que a mi me gusta, es un pecado!) 

Tenía mis dudas, no sabía que tal iban a salir, en cuanto a sabor y consistencia, pero tengo que decirles que salieron más ricas de lo que esperaba. La de chocolate fue mi favorita ¡estaba buenaza! 

La receta es súper sencilla, se puede variar con cualquier tipo de avena y están listas al toque. Las guardamos en un recipiente con tapa y se las podemos enviar a los peques en la lonchera... nutritivas y ricas! :) 



Ingredientes

  • 1 1/2 taza de avena (la de su elección!) 
  • 1/2 taza de harina
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio.
  • 1 barra de mantequilla (o margarina) derretida
  • 1/2 taza de azúcar
  • 1 huevo 
  • 1 cucharada de esencia de vainilla

*Si quieren pueden ponerles pasas picadas, pecanas o nueces. Yo no le puse porque a Luciano no le gustan las galletas con "cositas" jajaja

Preparación

Mezclar todos los ingredientes secos primero (avena, harina, bicarbonato y azúcar)



Agregar la mantequilla derretida, el huevo y la vainilla, mover hasta lograr una mezcla homogénea.



Enmantequillar y enharinar un molde (o plancha) para horno. Con una cucharita (o con la mano) colocar un poco de masa en el molde formando las galletas (dejando espacio entre una y otra para que puedan crecer sin pegarse!)




**Si las quieren más suaves pueden dejarlas como bolitas al momento de colocarlas en el molde y solas agarrarán forma. Pero si las quieren más crocantes, pueden aplastarlas para darles la forma de las galletas.

Hornear a temperatura moderada durante 10 o 12 minutos, dependiendo de la potencia del horno.

Una vez listas, dejar enfríar afuera por unos minutos antes de sacarlas del molde, para evitar que se rompan.



¡Y listo! A disfrutar con una taza de leche, un cafecito, en la merienda o en la lonchera. 




***Con esta receta me salieron aprox 20 galletas (eso varía dependiendo el tamaño en que las hagan).
****Yo hice las 2 presentaciones de avena, por lo que dupliqué todos los ingredientes, pero cada uno por separado.

¡Me cuentan si las preparan en casa!

Un beso,
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Tanto que agradecer!

jueves, 15 de octubre de 2015


Estos días he estado de mal humor, no sé por qué, han sido de esos días en los que todo te molesta y no entiendes muy bien el motivo. Me faltaban las ganas y la energía de siempre, me faltaba ese combustible que enciende nuestros días. Estaba atascada pensando en las cuentas por pagar, las cosas que tengo que hacer y no he hecho, versus las cosas que me gustaría hacer y que tampoco he hecho, en lo cansada que estoy, lo mal que dormí, qué cocinar, qué hacer con mi hijo en estas vacaciones, a dónde ir, qué jugar y mientras pensaba en eso, volvía a pensar que en vez de jugar debería estar haciendo otra cosa “ más productiva” para mejorar las cosas en casa y mi lista interminable de to dos. Caminaba con una mecha en la mano y en la otra el encendedor que la prendía y que por cualquier cosa, estallaba. Definitivamente han sido días en los que ni yo me aguantaba.

Despertaba con las mismas cosas por hacer, acumuladas de la semana y me acostaba con las mismas cosas faltantes y con una oración en la boca de que mañana sería un día mejor. Así he estado los últimos días, sin rumbo aparente, encontrando más cosas de las que quejarme en el camino. Pero hoy, de pronto, todo cambió. En la tarde, mientras Luciano jugaba con sus primos, pensé en algo que hicimos con mi esposo el otro día en las Nazarenas... ¡Dar las gracias!

Darle las gracias a Dios, por las “pequeñas” (según yo, en ese momento) cosas que tenía, por aquellas que, generalmente, damos por hecho. Empecé a enumerarlas y mientras más agradecía, más me daba cuenta de todo lo que tenía, mi perspectiva de las cosas iba cambiando y entendía que nada era tan malo como yo pensaba y que a la larga tenía más cosas que agradecer de las que quejarme… ¿Cómo es que la forma en que miras las cosas puede cambiar todo el panorama? pensé, y cosas como las que damos por sentadas en medio de la rutina, son las más importantes, las que deberíamos agradecer antes de empezar el día.

Poco a poco, el mal humor fue desapareciendo y le fue dando paso a una sonrisa, una sonrisa traviesa y juguetona que era producto de mi agradecimiento. Una sonrisa cómplice con la vida, como aquellas que me daba mi mamá cuando me atrapaba haciendo una travesura y se hacía la loca. Una sonrisa que me hizo sentir cosquillas en el corazón y hacerlo inflarse de agradecimiento.

Agradecimiento por poder abrazar a mi hijo, jugar y crecer con el, porque ocupa mis días y mis pensamientos, porque aunque su cuarto está desordenado, su rebeldía va en aumento, se niega a comer la comida y me reta cada vez más, estamos juntos y sólo con eso es suficiente. Agradecimiento por que mi esposo regresa a casa cada noche y podemos dormir abrazados (y otras no tanto) por su fortaleza, su valentía, su amor y su compañía, por que juntos somos la base de esta familia. Agradecimiento por que mis papás están a mi lado y aunque son medio sordos cuando les digo que cosas no tienen que hacer con Luciano, son mi apoyo incondicional ¡Agradecimiento por estar viva!

Muchas personas dicen que agradecer no sirve de mucho, que las cosas no van a cambiar simplemente porque digas "gracias" y tal vez tengan razón también, pero lo que sí cambia, es la actitud frente a las cosas, frente a los problemas, frente a la vida, frente a lo que crees que "te falta". Cuando realmente te das cuenta de todo lo que tienes, comprendes, que lo demás, es secundario. Agradecer nos abre los brazos y nos permite sentir y saborear nuevamente todo lo hermoso que tenemos en la vida, nos hace apreciar a cada persona y cada cosa y darle de nuevo el verdadero valor que tiene y que a veces se nos olvida en medio de la rutina y del día a día, pero sobre todo, nos permite notar, cuán bendecidos estamos y que tenemos ¡tanto que agradecer!

Quería contarles esta experiencia distinta a las que siempre les comparto y agradecerles por estar aquí, por ser parte de mi vida y de mi familia... ¡Gracias!



Un beso,
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Me lo has dado todo

lunes, 5 de octubre de 2015


¿Si pudieras regresar en el tiempo y elegir cambiar algunas cosas, volverías a ser madre? Me preguntaron hace poco y aunque cerré mis ojos por un instante y me imaginé descansando en alguna playa paradisíaca con una piña colada en la mano, disfrutando de la calma… mi respuesta, casi inconsciente, fue SI; claro que volvería a ser madre… no imagino mi vida sin mi hijo.

Sé que muchas veces quiero dormir hasta tarde, entrar al baño sola, leer un libro (no importa si no lo termino en 4 horas como antes, pero al menos terminarlo sería un logro) almorzar sin mirar la hora o bañarme más lento. Sé que me he vuelto más maniática, más neurótica, más controladora, que hay días en los que no quiero jugar a los carritos, que ver thomas y sus amigos por milésima vez, no es mi pasatiempo favorito, que con los súper héroes, el señor cara de papa y los dinosaurios no me llevo muy bien. A pesar que muchas veces me falta paciencia y me sobra frustración, que las culpas, desde que soy mamá, son parte de mí día a día y no me dejan dormir, a pesar de mis ojeras, de mis quejas y mi mal humor nocturno. … no imagino mi vida, sin mi hijo.

No imagino mi casa sin sus gritos, mi sala sin sus juguetes, ni mi baño sin los patitos con los que tanto reniego. No imagino despertarme de otra forma que no sean sus dedos abriendo mis ojos, sin tener que preparar la leche, ni alistarlo para el nido. No imagino almuerzos sin batallas o aviones llenos de comida, ni el piso sin la chicha que regó. Tampoco mis paredes sin stickers, ni mi ropa sin témpera, ni mi escritorio sin sus dibujos, ni mis zapatos sin sus trenes. No imagino ir manejando sin la pompa de jabón sonando en mi cabeza o sin mi televisor con el mundo de Luna....

Qué vacía estaría mi vida y aunque en la tarde cuando regrese del nido, vuelva a la misma rutina y a repetir sin parar ¡deja eso ahí! ¡eso no! ¿qué se dice? ¡más despacio! y quiera un tiempo libre para mi, (sueñe con irme al supermercado a comprar arroz, aunque sea!) El le da sentido a mi vida, le da un cosquilleo a mi corazón, le regala abrazos a mi alma y llena de colores mi mundo.

No hay tiempo que valga más, que el que paso con el. Ni escuela que te enseñe más, que lo que aprendo con el, ni trabajo que te pague más, que lo que gano con el y muchas veces, tengo que preguntarme mientras lo observo...  ¿ qué le puedo dar yo? si el ya me lo ha dado todo, ¿qué le puedo enseñar de amor? si el amor más maravilloso me lo enseñó el, ¿cómo dicen que le di la vida? si fue él, quien me la dio a mi.



Un beso, 
¡Los quiero mucho!

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Pye de Fresas

jueves, 1 de octubre de 2015


Algo que me encanta de la primavera es que trae consigo la ¡temporada de fresas! =)  Esta vez aprovechando que nos quedaron algunas de la mermelada que preparamos, nos provocó un pye pero no queríamos algo que fuera trabajoso, así que hicimos una mezcla medio rara jajaja pero quedó buenaza! Aquí se las cuento:
   
Necesitamos:

Para la masa:
5 paquetes de galletas de vainilla.
5 paquetes de galletas de chocolate.
2 barras de margarina. 

Para el relleno:
1 lata de leche condensada.
½ taza de zumo de limón.
3 yemas de huevo ligeramente mezcladas.

Para el merengue:
3 claras de huevo.
¾ de taza de azúcar.

Para la decoración:
300 grs de fresas (o al gusto)
Jalea (o mermelada líquida) de fresas

Triturar las galletas de vainilla y chocolate (o pasarlas un minuto por el procesador) y mezclarlas con la mantequilla derretida, una vez que esté como una masita, vaciarlo en el molde para pye y presionar bien la mezcla en el fondo y costados del molde. Llevarlo al horno por 10 minutos a una temperatura aproximada de 180°.





Mezclar aparte, la leche condensada con el zumo del limón y las yemas de huevo, verter sobre la masa de las galletas y volverlo a poner al horno por 10 minutos más.



Batir las claras de huevo hasta que estén bien espumosas, ir agregando el azúcar poco a poco y continuar batiendo hasta que estén a punto nieve. Con una cuchara (o paleta) poner una capa plana del merengue sobre el pye (lo más uniforme posible)






Regresar al horno hasta que se dore ligeramente el merengue (aprox. 3 a 5 minutos dependiendo de la potencia del horno)

Reducir la mermelada (si quieren pueden ver la receta de la mermelada aquí) hasta volverla jalea (se pone un poco en una olla con agua y se deja hervir unos segundos hasta que tome punto líquido)

Cortar las fresas en tajadas y ponerlas de afuera hacia dentro, encima del pye.





Finalmente, bañarlas con la jalea de fresas y  ¡LISTO PARA DISFRUTAR! =) Queda perfecto para el lonchecito y la combinación del ácido del limón con las galletas y las fresas, ¡es deliciosa! =)



Espero les guste y se animen a prepararlo en casa... ¡me cuentan! :)

Un beso,
¡Los quiero!



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