De la maternidad y lo que nadie me dijo...

viernes, 14 de agosto de 2015


Hasta el día que Luciano nació, no tenía otra idea de lo que era la maternidad, más que el amor que iba creciendo junto con la barriga, miles de sueños, suposiciones y montones de consejos que me daba casi todo el mundo de lo que me esperaba a partir de ahora, en cuanto a agotamiento, amanecidas, lactancia, básicamente los primeros meses...

Sin embargo, hay muchas cosas que nadie te dice, como: Lo difícil que es CRÍAR, la carga emocional que significa para NOSOTRAS que, como buenas mujeres, tendemos a querer controlarlo todo. Nadie me dijo que me haría un nudo con nuestra primera “discusión” y que el mundo se me vendría, prácticamente abajo, con su primera mirada de “no” amor.

Nadie mencionó la angustia que empezaría a sentir por todo. Ejemplo: el primer día de nido, el no poder estar cerca de él ¿y si se cae? ¿y si lo golpean? ¿y si se atora? ¿y si llora y no lo escuchan? ¿y si está muy desabrigado (o muy abrigado)? y si y si….. y la lista es enorme. 

Nadie me dijo cómo se aceleran los latidos del corazón a punto de pararse cuando camina hacia ti con los ojos inundados de lágrimas y tu no sabes por qué, no tienes idea qué lo hizo llorar con tanta desesperación y lanzas una mirada 360 tratando de encontrar un perro, un gato, una punta, una cáscara de algo, algún bicho feo o un niño/primo/tío/hermano/abuelo o quien fuere que podría ser “el responsable” de las lágrimas de tu hijo.

Que llegaría el momento en que tendría que negociar con un pequeño de 3 años que a veces tiene más fundamentos que yo y que parece no escuchar la palabra NO las primeras 5 veces que salen de mi boca, ni todo el sustento “perfectamente” pensado que tengo para el, sobre el porqué de mi no.

Que mi oído para los llantos se agudizaría sin colapsar y que me haría experta en ellos, que tendría más tolerancia para los demás niños y que empezaría a sentir más empatia por otras madres en el supermercado, en los aviones, restaurantes y cualquier otro lugar donde los escuchara y que mi queja se convertiría en una mirada de comprensión.

Que aprendería a ser un payaso completamente natural, que ni los circos, las películas de dibujos animados o todos los comediantes del mundo podrían hacerlo reír igual que yo.... sólo hasta los 2 (o 3) años que descubre el mundo “más allá de mamá” :/ y mis “parodias” empiezan a tener menos peso y me voy convirtiendo en un mortal más y ya no en la súper mamá con poderes especiales.

Nadie me dijo que pasaría horas buscando qué juguetes comprar, lugares a dónde ir, parques que conocer, películas que ver, actividades al aire libre por hacer y que terminaríamos jugando con una pista de papel, una caja de cartón y unos cuantos trenes DURANTE DÍAS SEGUIDOS y cada día sería tan divertido para el, como el primero.

No sabía que me sentiría la mamá más mala del mundo por poder comprarle ese yogurt que pedía en el supermercado y que no compré, por poder ordenarle su cuarto una vez más y que no ordené o por poder levantarle el castigo que le dio papá así piense que es injusto y fuera de lugar (lo cual muchas veces no es!) y no hacerlo... Son pequeñas conductas diarias que parecen sencillas, pero que NO lo son y me alejan de su imagen de “mi mamá es lo máximo” para parecerme un poquito más a la bruja con verruga en la nariz... (¿que pensará de mi a los 15? :/)

Nadie me dijo que un puchero podría arrugar mi corazón hasta su mínima expresión, al punto de derretirme por completo, casi casi hipnotizarme, que un “mami eres la más linda” me haría creer que lo soy y elevarme más allá de las nubes... Así como nadie me dijo que sentiría como si un puñal me atravesara cuando de ese cuerpecito tan chiquito saliera una mirada de molestia, de fastidio, de esas que dejan sin aliento el corazón.

Y es que, nadie me dijo, nadie me advirtió ni siquiera con señas, que ser mamá es lo más difícil que hay, que te lleva al límite tanto física como emocionalmente, que exige auto-control diario (¡por no decir cada hora y/o minuto!), que pone a prueba tu paciencia constantemente y que cada día, es completamente distinto al anterior, lo que funciona hoy, es muy probable que NO funcione mañana y que necesitaré, en varias ocasiones, contar hasta diez otra vez y empezar de nuevo.

Pero que si pensaba que aún con todo y todo, el amor de madre era lo más grande del mundo, no tenía idea que existía el tamaño XXXG: Extra extra extra grande y que, aunque suene cliché, no lo cambiaría por nada.

¿Y a ti, qué fue lo que no te dijeron de la maternidad? ¡Cuéntame!



¡Un abrazo!

Image and video hosting by TinyPic