Y el nido empezó...

martes, 3 de marzo de 2015


Ayer empezaron las clases los niños en la mayoría de nidos y fue también el primer día de clases de Luciano en su nido nuevo. No sé quién estaba más nervioso si él o yo. Bueno, en realidad si lo sé…. YO.  Y aunque para el aparenté ser la más tranquila del mundo, por dentro estaba hecha un manojo de nervios, tenía la misma sensación de ansiedad de como cuando era chiquilla y llegaba el primer día de colegio, de universidad o incluso de trabajo en un lugar nuevo. Ese mismo cosquilleo en la barriga que no me dejó dormir la noche anterior ni en la mañana antes de llevarlo al nido... y también tenía miedo, sí ¡miedo!

Fue después de dejarlo, quedarme con el unos minutos hasta que vi que no me iba a necesitar y que ya estaba distraído jugando y haciendo amigos, que me dí cuenta, cual era la motivo de mi miedo. Y era básicamente, por que es un lugar en el que YO no voy a estar con el.

No voy a estar para ayudarlo o defenderlo. Si, sé que sueno a mamá muy controladora, sobreprotectora o exagerada incluso, pero me dan miedo las peleas, las quitadas de juguetes, los empujones, los arañones, las jaladas de pelo, las cosas típicas de los niños y que sé son normales en su desarrollo, pero  ¡Me dan miedo! Luciano tiene una personalidad muy dócil, es cariñoso y muy sensible y no sé qué tanto le puede afectar el que otro niño le pegue, ni cuanto puede eso influir en su personalidad. 

Tampoco voy a estar con él si se cae, se tropieza, se golpea, se mete a la boca algo con lo que pueda atorarse…  Confiar en que otra persona lo cuidará y velará por su bienestar como yo, me da temor. Es algo que no puedo controlar, que escapa de mis manos. Con el tiempo aprendí a confiar en que César, mi esposo, puede cuidarlo tan bien como yo, en que mi mamá o sus abuelos pueden hacerlo, y ahora tengo que aprender a confiar en que la profesora también puede hacerlo. 

Pero verlo regresar ayer tan contento, tan emocionado, lo cambió todo. Cuando fui a buscarlo estaba bailando, saltando, jugando y cuando me vio me saludó con una sonrisa tan grande, su carita sólo reflejaba alegría, me contó todo lo que había hecho, que había jugado con sus amiguitos, que había cantado con la miss, que había cocinado y muchas cosas más... y sentí un calentito en el corazón, mientras lo escuchaba contarme sus aventuras, sentí que una bocanada de tranquilidad regresaba a mi.

Se habla mucho de la semana en la que los niños se adaptan al nido, al cambio. Pero creo que debería hablarse también del tiempo que a nosotras nos cuesta adaptarnos al nido, a que nuestros hijos están empezando su propio camino, un camino en el que no podemos estar con ellos, que una parte de su tiempo será de ellos, donde construirán sus propias experiencias, aprenderán a convivir con otros niños, con otras personalidades, a defenderse, a no depender de nosotros o de nuestros cuidados. Deberíamos saber que también necesitamos un tiempo para vencer nuestros miedos, nuestra angustia, nuestras ganas de querer saber que están haciendo, si comieron, si jugaron, si fueron al baño, si están a salvo, si se divirtieron, si nos extrañaron un poquito jajaja... 

Creo que tanto para ellos como para nosotras, es un cambio. Un cambio total en nuestra rutina desde que estamos juntos. Y si nosotras lloramos ¿porqué ellos no pueden hacerlo? El cambio no se da de la noche a la mañana, es parte de un proceso, no esperemos que el primer día de clases ellos se vayan saltando en una pata y nosotras nos quedemos totalmente tranquilas... y si eso pasa a buena hora! Pero generalmente tarda un tiempo.

A mi me está costando un poco más que a el (a la hora de dejarlo lo apachurro y lo lleno de besos e inconscientemente cruzo la puerta esperando que grite mamá, yo vaya corriendo a recogerlo y me lo lleve a la casa y nunca más lo regrese jajajaja... ) que lo está haciendo muy bien.

...¿Y a ustedes? ¿cómo las agarró el primer día de nido? <3


Una de las millones de fotos de Lu camino al nido!



Los quiero!
Besos,

Image and video hosting by TinyPic