Sé que llegará el momento...

jueves, 19 de febrero de 2015

Hoy mientras te veía dormir tan tranquilito, acariciaba tu carita bella y sentía tu fragilidad bajo mis manos. Mientras pensaba cuán indefenso eres, que rápido estás creciendo y en que personita maravillosa te estas convirtiendo, vinieron a mi mente una serie de momentos que pasarán estos años. Una serie de cosas que si Dios quiere viviremos juntos y me entró una nostalgia tan grande que dejé escapar de mí, un suspiro de resignación, lágrimas de emoción y mil promesas de amor.

Sé que llegará el momento en el que ya no quieras jugar conmigo y aunque seguro, lloraré,  te reclamaré y te haré sentir mal (juro que lo haré) créeme que entiendo (en lo más profundo de mi ser) que es parte de la vida y parte de tu crecimiento.

Sé que llegará el momento en el que regreses del colegio y cuando te pregunte como te fue respondas “bien” como buen hombre (no sé bajo que concepto para ustedes esa palabra explica todo!) y aunque quiera sacarte con cucharita cada cosa que pasaste en el colegio y me siente a tu lado a torturarte hasta que me cuentes algo más (y sabes que lo haré) créeme que entiendo que es parte de la naturaleza masculina.

Sé que llegará el momento en que salgas con tus amigos “sin mamá” al lado, en el que ya no pienses que mamá lo puede todo y en el que ya no necesites de los besos sanadores de mamá  cada vez que te haces una “yaya” así sea invisible y aunque llore como magdalena, me compre tres litros de helado diarios y me deprima al punto de no querer salir de mi cuarto, quiero que no te sientas culpable (mentira, en realidad si quiero que te sientas culpable y entres a mi cuarto a decirme que ponga mi nariz en tu nariz para que duermas feliz!) créeme que entiendo que estás creciendo y que tienes que aprender a avanzar solo.

Sé que llegará el momento en que estés en tu cuarto y yo pasaré varias veces por tu puerta y tu ni cuenta te darás, podrás pasarte horas sin llamarme, ni buscarme, ni perseguirme, ni corretearme, ni llorar porque me voy y que seré yo la que lo haga, y aunque te repita mil veces que me entenderás cuando seas padre y que mis palabras parecerán un hechizo de noche de Halloween (lo cual realmente serán) entiendo perfectamente que ya casi eres un hombre.

Sé que llegará el momento en que tendrás enamorada (y aunque esa palabra me enronche un tantito por ahora) te aseguro que seré una suegra a todo lujo, una suegra increíble, para nada metiche y bien objetiva (está bien, no te lo aseguro, te lo prometo, bueno, tampoco te lo prometo, te lo comento, está bien mejor dejémoslo ahí. Next!)

Sé que llegará el día en que llores por alguien que te lastimó, jugó con tu corazón, o te mintió, y aunque te diga que es mejor olvidar y perdonar, puedes estar seguro que dentro de mi corazón cual magia negra estaré repitiendo el nombre de la persona que te hizo llorar, y aunque mis besos no te sanen y prefieras estar solo, créeme que estaré  esperando por ti, y que tal vez no sepa aconsejarte como quisieras, pero si puedo llorar contigo (y es algo que se hacer muy bien!)

Sé que llegará el momento en que tengas a tu hijo en brazos por primera vez, no importa si lo tienes a los 15, a los 20 o a los 30, si te comportas como un hombre, si te pones los pantalones que te bajaste el día que lo tuviste, ese día cada palabra escrita valdrá la pena.

Y finalmente sé que llegará el momento  cuando seas grande que no te acuerdes todas las mañanas que nos despertamos abrazados, haciendo carreras por ver quien decía te quiero mucho primero. De aquellos días en que preparamos juntos postres haciendo de la cocina un campo de guerra de azúcar y harina. De las veces que paseamos trepados en tus carros de juguete o mi espalda era tu caballito preferido. Sé que llegará el momento en que mis cuentos no sean los que te entretengan y volar en mis brazos no sea tu pasatiempo favorito. En que prefieras quedarte en casa a salir a pasear conmigo. Tal vez ni te acuerdes que fue mi mano la que sostuviste la primera vez que manejaste scooter, que gritaste mami mírame cuando nadaste solo en la piscina o que nos abrazamos fuerte cuando el gusanito avanzó más rápido. Sé que llegará el momento en que no te acuerdes las veces que cantamos Mickey Mouse juntos y bailamos al compás de estrellita donde estás. 

Pero espero haberte enseñado, querido hijo, que uno no es rico por la cantidad de plata que tiene en el bolsillo, que no importa qué tipo de ropa usas o que lugares del mundo conoces, si almuerzas en restaurantes o estudias en colegios caros. Importa el tiempo que juegas, que cantas, que ríes, que bailas y que sueñas. Es rico quien acumula tesoros en el corazón y duerme tranquilo porque sabe que entregó más de lo que tenía. Que la mejor vestimenta que puedes usar es tu sonrisa y unos ojos que trasluzcan tu alma. Que los lugares más hermosos están a un paso de ti. Espero haberte enseñado mi niño lindo que una familia es más que un conjunto de personas viviendo juntos, que un abrazo sincero en silencio dice más que muchas palabras, que no hay mejor medicina que un beso, que los buenos modales no se aprenden en las asignaturas escolares, que el amor no tiene precio y que el único que puede hacerte feliz, eres tú mismo.

Te amo. Por siempre, Mamá.


Mi experto, mi maestro, mi amigo, mi hijo, mi todo.


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