Los buenos modales se contagian...

sábado, 22 de noviembre de 2014

El otro día estaba conversando con un profesor de la universidad, una de esas charlas que voy a extrañar cuando termine, sobre qué es lo que más admiraba en una persona  y  en definitiva para mí, son sus buenos modales y es una de las cosas que estoy luchando para inculcarle a Luciano desde pequeño y que estoy segura, puede hacer que la sociedad cambie. No sé si soy muy chapada a la antigua o algo aburrida como me dicen algunas amigas jajajaja… pero creo que hay ciertas cosas que no deberían pasar de moda y que depende en gran medida de nosotros los padres que eso se logre.

Hace unos días leí un artículo en una revista y encontré una frase que, me pareció, encierra una verdad muy grande y es “La educación de un niño empieza veinte años antes de su nacimiento, con la educación de sus padres” (Napoleón) y es que, tanto los modales como los valores, se aprenden en casa y no se enseñan con palabras, se contagian, se imitan, se predican con el ejemplo.

Decir por favor, gracias y no gracias, son palabras mágicas que pueden mover montañas y más si vienen acompañadas de una sonrisa. Ahora las personas no piden por favor, se está haciendo costumbre ordenar, entrar a una tienda y decir: deme una galleta, 10 panes, subir a un taxi y preguntar de frente ¿Cuánto al Jockey plaza? Nos olvidamos que somos personas y que podemos hacer la diferencia con tan solo saludar “buenos días señor, cuánto me cobraría al Jockey plaza? Cóbrese, por favor, y finalmente, gracias. ¡No nos cuesta nada! Tenemos que enseñarles a nuestros hijos cuan importantes son en la vida diaria, ellos son el reflejo de lo que somos nosotros. Además, creo sinceramente que todo lo que haces regresa y nunca sabes de qué lado de la acera vas a estar.

Siempre me he preguntado ¿De dónde salió la palabra buenas para sustituir un saludo? Si por si sola esa palabra no es sinónimo de nada ¿buenas qué? Buenos días, buenas tardes, buenas noches, eso es un saludo de verdad, y no toma ni un segundo más.

Pero los buenos modales no sólo son las palabras que decimos de cortesía para con alguien, sino también es la forma como nos comportamos. Recuerdo que en una ocasión estábamos en el parque con mi esposo y Luciano, y habían niños que se empujaban en los juegos, saltaban, se codeaban, pateaban y yo estaba angustiada, atrás de Luciano y le hacía señas a César para que viniera, él me dijo están jugando y no puedes evitar que se golpeen. Si, le dije yo, están jugando, pero hasta para jugar se tiene que tener respeto por los demás, y eso lo tenemos que enseñar los padres a nuestros hijos cuando son pequeños: Respeto para no pegarle a otro niño, respeto para esperar su turno, no pueden subir empujándose unos a otros, hay que saber esperar a que te toque, eso no sólo los ayudará para ese juego, sino para todo en la vida, sabrán esperar por lo que buscan, tener la paciencia que se necesita para alcanzar algo que queremos y saber manejar la frustración cuando eso no llega al primer intento.

Si queremos un mundo mejor, tenemos que enseñarles a nuestros hijos a hacer un mundo mejor, empezar por nosotros mismos. A diario vemos personas que  faltan el respeto a los adultos, no ceden el asiento, se hacen los dormidos cuando hay una mujer embarazada parada frente a ellos, se estacionan en el lugar de personas discapacitadas, el bullyng se ha vuelto una especie de cultura en el colegio ¿pero eso en dónde nace? En casa, con pequeñas cosas que hacemos día a día sin darnos cuenta y que están siendo observadas por nuestros hijos, que todo lo miran y todo lo aprenden, son como pequeñas esponjitas que van creando su personalidad ayudadas por el ambiente que los rodea.

Cambiar el mundo no depende del gobierno, ni de la empresa en la que trabajamos, ni del profesor del colegio, cambiarlo depende de nosotros como padres, de cómo eduquemos a nuestros niños.

Es una tarea difícil, pero no imposible. Empecemos por decirles a ellos mismos, buenos días cuando se levantan o buenas noches antes de acostarse, por saludar a la persona que riega el jardín en el parque o a la señorita que atiende en el supermercado, por pedirles disculpas cuando nos equivocamos y enseñarles a hacerlo también, a esperar su turno en los juegos, a no meternos en la cola preferencial en el supermercado, a agradecer cuando nos alcanzan algo, a pedir por favor lo que necesitamos, a respetar a los adultos, a sonreír a pesar de que tengamos un día fatal y así poco a poco, veremos como todo va cambiando a nuestro alrededor.

Trabajemos por el futuro que les queremos dejar a nuestros hijos, porque no estaremos con ellos eternamente y la única herencia real que les podemos dar, es la educación y si nuestros hijos están acostumbrados a ver en casa un lenguaje cortés, lo aplicarán en su vida si o si, sin ningún esfuerzo y lo que es mejor, regresará a ellos, se los puedo asegurar :)



Un buen ejemplo, dice más que mil palabras


¡Espero que les guste!
Un beso grande!



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