Mamá a tiempo completo

lunes, 4 de agosto de 2014

Hola! No saben la cantidad de veces que he empezado este post y lo he borrado todo y lo he vuelto a escribir, llevo así alrededor de dos horas, estoy tratando de encontrar las palabras correctas, y eso es bien difícil cuando tienes un torrente de ideas que vienen y van, es que a veces hablo más rápido de lo que pienso (lo cual en realidad es la mayor parte del tiempo) y para mi mala suerte escribo más lento de lo que hablo (y eso que escribo bastante rápido) bueno, bueno, el caso es que hoy día estaba conversando con alguien y salió al tema una pregunta que ya me han hecho miles de miles de veces desde que nació Luciano, y es ¿Por qué no trabajas? Y en mi cara se dibujó un signo de interrogación bastante grande,  es que ¿quién dijo que no trabajo? Les juro que muchas veces tengo que morderme la lengua (y ya saben cuánto me cuesta mordérmela) por no responder alguna pachotada… así que tengo que descartar varias respuestas que me gustaría dar, pero a veces entiendo (si mi amor, a veces lo hago!) que es mejor callar…
 
Lo que aun no entiendo es ¿Por qué pensamos que una mamá que decidió quedarse en casa no trabaja? No tengo nada en contra de las mamás que trabajan OJO, es más, las admiro un montón y tengo muchas amigas que son increíbles mamás, estupendas mujeres que salen día a día a trabajar y se van con el corazón en la mano cuando su hijo está enfermo y se queda en casa y no paran de contar las horas para salir del trabajo corriendo y llegar a casa a abrazarlos, contarles un cuento, jugar un ratito, bañarlos y acostarlos y el fin de semana no se despegan ni un segundo, yo no soy así de valiente, yo no soy así de fuerte, yo sinceramente no puedo.

Es por eso que decidí quedarme en casa, decidí que mi “trabajo” (si Dios así lo permite) sería encargarme de mi hijo, estar con él, jugar con él, atenderlo, enseñarle cosas, mantener la casa en orden, con todo lo que eso implica, dirigir una casa no es fácil!  No es que amanezca y nos quedemos todo el día metidos en la cama (lo cual a decir verdad, no me disgustaría!), no soy hechizada ni tengo una nariz mágica que hace todo por mí, desde que me levanto no tengo descanso, trabajo todo el día, no tengo feriados, vacaciones, “horas de almuerzo” ni fines de semana, como casi todos los días mi comida fría y no porque me guste!, peleo de lunes a domingo para cambiarle el pañal (y cada vez se hace más difícil), invento miles de formas para cocinar un locro de zapallo que no sepa a zapallo, que tome la sopa de espárragos con el avioncito, el trencito o todo el zoológico junto, corretearlo para que se bañe, primero fue enseñarle a gatear, a caminar, a hablar, a comer, (ahora que se quede quieto jeje) y créanme que no es fácil, aparte de tener que enseñarle a manejar su tolerancia, su frustración, controlar las pataletas, las compras de la casa, y mil cosas más... Cuando mi esposo estuvo de vacaciones en la casa, trató de seguirme el ritmo todos los días, y en verdad, para ser justas, lo hizo muy bien, pero llegaba la noche y el hombre no jalaba, jajaja le dije si quieres cambiamos, yo me voy a trabajar y tú te quedas con Luciano y me dijo no hay forma...

Desde mi punto de vista, una mamá siempre trabaja, ya sea dentro de la casa o fuera de ella, pero nunca deja de trabajar, la única diferencia es que cada una decide donde y como hacerlo.

Hoy aprendí que no tengo porque pensar en miles de respuestas que dar, hay una sola, la próxima vez que me pregunten si trabajo, responderé, Sí. ¿En donde? En mi casa, tengo el trabajo que más me gusta:  Soy mamá a tiempo completo! 

 

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