Mis dos hijos, uno de dos pies y la otra de cuatro patas.

jueves, 26 de junio de 2014

Dos años antes que naciera Luciano, ya tenía una hija en casa, mi Ramona, que como algunos sabrán es mi hija adoptiva. Una shitzu muy bonita que se robó el corazón de mi esposo, porque les juro que cuando la vi en la casa de adopción de mascotas (Adopten NO compren!) era un desastre! Les cuento que fui directo a la veterinaria preguntándome cómo era posible que César hubiera escogido un perro tan feo (perdóname Ramona, ya lo hemos hablado jajaja) después de haber visto a miles de perros lindos! Ramona, que en ese momento se llamaba Kina, tenía una cinta de embalaje puesta en la barriga asegurando la especie de venda que tenía porque la habían esterilizado días antes, tenía los dientes flojos, el pelo completamente despeinado y sucio, en fin, era la más fea de todas! Pero César la quiso y no hubo poder humano que lo convenciera, ni siquiera mi carita del gato de shrek pudo con él, fue amor a primera vista. Está bien dije, tu ganas. Nos paramos, agradecimos y salimos con Ramona en mano.
Como les contaba, todo el camino a la veterinaria vine pensado, tratando de interiorizar: va a quedar bonita, va a quedar bonita, va a quedar bonita, me lo repetí miles de veces hasta que en eso, me miró, se acurrucó encima de mí y sus ojitos tiernos tenían una mirada de amor y agradecimiento que no puedo olvidar hasta ahorita, cuatro años más tarde!  Me enamoró por completo. Una semana después de usar collarín, algunos cortes de pelo, pastillas para calmar los dolores de su operación, baños continuos y litros de leche (sí, yo sé que los perritos no deberían de tomar leche, pero se la dábamos como si fuera un bebé y que creen? fortaleció sus dientes! de un momento a otro no se le movían!). La vi tan bella que me entraron los primeros remordimientos de este mundo de mamá, ¿como pude pensar que era fea? Si es tan tierna, ¿Cómo pude cuestionarle a César que fue el único que vio en ella lo que realmente es? Cosas de la vida pensé, felizmente que César se puso terco (por primera vez le agradezco su terquedad) y la trajimos a casa, fue sin duda, la mejor decisión que pudimos tomar.

 Con el paso de los días, se convirtió en una hija engreída, tomaba sólo leche no quería agua, comía sólo comida seleccionada, si le dabas cualquier otra cosa le daba alergia, tenía medias, zapatitos, ropa de deporte, vestidos, íbamos a correr con ella y su buzo, créanme, era de locos! Tenía ropa más bonita que yo! Jajajaja nos fuimos de viaje y le trajimos un polo para perritos que decía “Argentina” ósea, éramos literalmente, los papas más chochos! Una vida de cuatro patas increíble.
Cuando salí embarazada todo el mundo me decía pobre Ramona, va a sufrir mucho, se va a sentir olvidada, amenazada, va a deprimirse, ten cuidado le puede pasar algo, se van a olvidar de ella y yo decía muy convencida no, eso no va a pasar jamás.
Pero el día llegó y aunque me cuesta admitirlo, sin querer, nos fuimos olvidando de ella. Pasó a ser ya no una hija sino, un perrito de la casa, las atenciones eran para Luciano, a veces no podía sacarla a pasear 3 veces como antes, sino con las justas una, ya no dormía en mi cama porque el bebé pasaba ratos sobre ella y no era bueno, dormía en su camita, ya no jugaba con ella todas las noches como antes porque llegada la noche lo único que yo quería era dormir aunque sea una hora antes que Luciano se despierte otra vez, y así unas cuantas cosas más. Efectivamente bajó de peso, dejo de comer, estaba triste, con su colita abajo, no correteaba como antes ni se le sentía, y yo la veía mirar muy feo a  mi hijo, empecé a psicosearme y si le muerde? Y si le hace algo? No los dejaba solos, la Ramona le gruñía, entonces acá no hay amor, pensé.
Una tarde, le pregunté al pediatra si podía tener a la Ramona en la casa y me dijo que él tenía a su perrita en casa! Y me contó su historia: Que su hijo mayor le tenía miedo a los perros porque de chiquito no había convivido con ninguno, pero que su hijita de dos años no le tenía miedo porque había crecido con uno y me explicó también que hay estudios que dicen que los beneficios en los niños que crecen con perritos en casa son muchos, entre ellos que son menos propensos a desarrollar alergias, son más inmunes a enfermedades producidas por mascotas y un montón de cosas más. Entonces, a partir de ese día, todo cambió (para mala suerte de mi mamá jajaja)
La Ramona recuperó su lugar en mi casa, en mi familia, se convirtió en el juguete preferido de mi hijo, cuando aprendió a gatear empezó a perseguirla por toda la casa, le jalaba la cola o las orejas cuando podía, así que con resignación ella empezó a quererlo, a moverle la cola, a mirarlo con amor, a jugar con el, si le llamo la atención me gruñe a mí, ahora ella lo persigue para quitarle su comida y el se corre jajajaja es amor de hermanos en serio… Siempre dicen que con los errores uno aprende. En mi afán de cuidar a mi hijo, de escuchar las miles de cosas negativas que te dicen por tener un perro en casa con un bebé, me olvidé que Ramona es mi hija también y que ha sido nuestra más fiel compañía por más de 4 años, le pedí perdón, me miró feo al comienzo, sacó la cuenta de cuantos días había estado solita y luego me perdonó, la abracé muy fuerte y ahora somos madre e hija de nuevo! :) Así que con orgullo confieso que en mi casa somos 4, tres de dos patas y una de 4, aunque a veces, en algunos momentos seamos 3 de cuatro patas y uno de dos! Jajajaja J
Tener una mascotita en casa es lo máximo, pero no olvidemos que tiene que tener muchos cuidados e higiene, visitas periódicas a la veterinaria, vacunas a tiempo y salidas al parque. A cambio les dará miles de historias hermosas, momentos de felicidad únicos y un amor que vale por mil. Y recuerden que es mejor adoptar que comprar, así le dan a un perrito sin casa la posibilidad de tener una familia y ser amado.