Las visitas al doctor y sus vacunas!

martes, 10 de junio de 2014

Cuando nació Luciano y tuvimos nuestra primera cita en el doctor, a la semana creo, entré al consultorio y habían, no recuerdo bien, si 4 o 5 niños esperando a ser atendidos, de los cuales 3 estaban llorando porque no querían entrar al consultorio. Sentí como si me hubiera dolido a mí, le veía sus caritas de angustia, yo recién operada, sensible a más no poder, casi me pongo a llorar con ellos, pero me acorde que mi hijo estaba en mis brazos. En ese momento, me vinieron muchas preguntas, que cuando se las dije a mi esposo, me miró recontra desconcertado, estoy segura, preguntándose si no me había vuelto loca. Le empecé a preguntar cosas como: cuando crezca Luciano llorará así? Le tendrá pánico al doctor? No querrá ni ver el consultorio ni escuchar el nombre de su pediatra? Se traumará? Que vamos a hacer cuando eso pase? Y no sé cuantas más, mi hijo tenía 1 semana de nacido y yo ya me hacía preguntas por sus próximos 10 años mínimo  jajajaja... pero gracias a esas preguntas decidí que haría lo posible por hacerle entretenida y divertida la visita al doctor y conforme ha ido creciendo puedo decir que lo estoy logrando (al menos hasta ahorita).
Pero el otro día estaba en el consultorio esperando que vacunen a Luciano y me topé con una escena que es el motivo de este post. Había una niña, de más o menos 3 años, que no quería entrar por nada del mundo al consultorio, le ofrecían dulces, juguetes, paseos y nada, ella simplemente no quería entrar, estaba asustada. En ese momento su mami le dice, sin ninguna mala intención claro, es más, creo que por la vergüenza o el no saber qué hacer; No te preocupes amor, te prometo que esta vez no te va a doler nadita (recordé todas las veces que mi mamá me dijo lo mismo), entonces la bebé aceptó entrar, confiando en mamá, como si esas palabras le hubieran dado tranquilidad, y ni bien pasaron 5 minutos se escucharon unos gritos que realmente eran desgarradores, los dos niños que estaban afuera incluyendo mi hijo, se asustaron y volví a recordar la escena en la clínica cuando nació Luciano y todas las veces que mis amigas me han contado que sus hijos se privan en la clínica antes de entrar a que, generalmente, los vacunen.
Soy de las que piensan que siempre hay que decirles a nuestros hijos la verdad, sea cual sea, porque si no, perdemos credibilidad, la cual es muy importante mantener a lo largo de los años y también, por si fuera poco, sin darnos cuenta les enseñamos a mentir para salir del paso o para lograr algo.
Ahora, les cuento mi experiencia con Luciano cuando vamos al doctor, (acá recalco que lo más importante es que le hablo todo el día de todo, así  crea que hay muchas cosas que no me va a entender, se las digo, eso es algo que me ha ayudado siempre y el tema de las vacunas y el doctor no son la excepción J)… él juega en la sala de espera, pinta, vemos revistas y  si me tengo que sentar en el suelo a contarle cuentos para distraerlo, lo hago, sin roche. Por lo que esperamos tranquilos afuera, sin llorar. No es que sea un trabajo fácil, ojo, pero va mejorando con el tiempo, acá les detallo mi estrategia jajaja… lo que he venido haciendo desde que nació y que aún continúo:
Primero, antes de salir de casa le explico que vamos a ir al doctor. Acto seguido, le digo: te acuerdas quien es el doctor, no? Y le comento que el trabajo del doctor es curarnos a todos para que estemos sanos y podamos jugar mucho y lo que se me ocurra en el momento.
Segundo, cuando estamos en el consultorio esperando, le digo: acuérdate que el doctor te va a revisar, te va a poner una vacuna, eso te va a doler, pero mami (y cuando papi puede ir con nosotros, le digo mami y papi) va a estar contigo y te va a abrazar fuerte para que se te pase, y además voy a estar agarrando tu mano y tú puedes apretarla fuerte si quieres y aquí le repito que el doctor lo único que hace es cuidarlo para que no se enferme y pueda jugar mucho.
Una vez que le ponen la vacuna y llora, lo cargo, lo abrazo fuerte, fuerte y le digo: amor que valiente eres y muchas palabras bonitas… y cuando me voy del consultorio, no lo hago sin antes decirle a Lu que se despida del doctor y que le de la mano, que salga despidiéndose tranquilo, sin llorar. Si sigue llorando, no salgo todavía, porque salir llorando hará que asocie el dolor con el consultorio, así que espero un ratito, lo calmo, nos despedimos del doctor, le agradezco por “curarlo” y salimos felices, casi todas las veces con globo en mano.
Todo esto ¿qué es lo que logra? Que cuando el doctor le ponga la vacuna, la cual SI duele de verdad, el no sienta que mami le mintió, sino sienta que mami está ahí, que pasó lo que mami dijo que pasaría, que no fue nada grave, y que estaba listo para afrontarlo. Los niños crecen seguros cuando saben lo que va a pasar, mientras más certeza tengan de algo, más tranquilos estarán.
Eso se lo comenté a una gran amiga, una de las que me animó a escribir este blog, hace ya algún tiempo atrás, cuando me contó que su hija lloraba mucho y poco a poco, porque no es inmediato, fue dejando de hacerlo, y ahora hasta le dice cuando termina: mami, cada vez soy más valiente, verdad? J
No todos los bebés son iguales, pero podemos intentarlo en casa si los peques lloran, las visitas al doctor no tienen por qué ser feas, ni dar miedo, ni hacernos llorar a todos, porque cuando nuestros peques lloran, también lo sentimos nosotras (y no solo el dolor sino la vergüenza de que nos haga un espectáculo entrando al consultorio, verdad?) El doctor puede ser muy divertido, depende como les enseñemos a verlo, los juegos de doctores en casa también ayudan! :)
Ah! Y por favor, por nada del mundo digamos: si te portas mal, llamo al doctor, jajajaja una vez me lo dijeron a mí y hasta ahorita me dan miedo las inyecciones y los doctores! jajaja