Estimulación temprana

viernes, 23 de mayo de 2014


Uy ha pasado un poco más de un año y medio desde que le hice esta pregunta al, en ese entonces, pediatra de Luciano: ¿Qué es estimulación temprana? ¿Es necesario que lo lleve? Luciano tenía alrededor de dos meses y varias personas me habían estado diciendo que tenía que llevarlo a los 3 meses porque si no a los 6 meses no se iba a poder sentar bien sólo, yo no estaba en contra de los centros de estimulación temprana pero tampoco estaba a favor, quería hacerla en casa, aunque no tuviera idea de lo que era, así que opté por la opinión del doctor.
Recuerdo que me miró incrédulo, no sabía si lo que le estaba preguntando era de verdad pero cuando vio mi expresión creo que entendió que no estaba bromeando jajaja así que con una paciencia que admiré, me explicó lo siguiente: No estoy de acuerdo con la estimulación para niños tan pequeños, tal vez para niños más grandes sí, pero eso depende de cada papá, hay papás que no tienen tiempo porque trabajan y definitivamente es mejor para los bebés que alguien pueda compartir eso con ellos, a dejarlos en la casa, pero si tú tienes la suerte de poder estar en casa con él, entonces no necesitas de ningún centro, porque estimulación es lo que tu hijo puede escuchar, las texturas que pueda sentir, lo que pueda oler, mirar. En fin, es poner al descubierto el poder que tienen los sentidos, enseñarle a abrazar el mundo del que forma parte.  Ah pensé! Entonces en eso soy experta.

Luego de investigar un poco  entendí que estimulación es el canto de un ave en el parque, el sonido que hace el río al chocar contra las piedras, el perro que ladra, el gato que maúlla, los árboles que se mecen, los niños gritando en el parque, la piel suave de mamá o la barba áspera de papá, el cubrecama que cambiaste hoy o la esponja rugosa y áspera con la que lavas, el secador, la chalina de lana o pashmina de seda que llevas en el cuello, el jardín, la arena de la playa, las piedras del campo o la piel de un caballo. Es  el perfume de las plantas, el aroma de un postre recién horneado en la cocina, la colonia de mamá, la crema de afeitar de papá, los colores del cielo, de los parques, de la calle, las luces de los carros, los juguetes y descubrí un mundo mágico como nunca lo había visto, cada día algo sorprende nuestros sentidos y estamos tan acostumbrados a ello que no nos damos cuenta, ya perdimos el poder de disfrutarlos, por lo que decidí volver a nacer con Luciano, ya no enseñarle yo, sino permitir que el me enseñe a mí, que él me haga disfrutar de un mundo maravilloso que había estado oculto entre la rutina por tanto tiempo.
Es increíble como nos podemos perder de tanto en el día a día. No les ha pasado alguna vez que han pasado muchas veces por el mismo lugar cuando de pronto descubren algo nuevo y dicen: eso no estaba ahí! Jajaja claro que estaba! Es más, siempre estaba ahí, un árbol no va a crecer de una mañana a otra! Así estaba yo con Luciano cuando empecé a estimularlo, supuestamente a él, aunque admito que yo estaba fascinada con la sensación que me producía volver a encontrarme con el mundo. El sólo hecho de asomarnos a la ventana a ver como se mueven los árboles e imitar el sonido de los pajaritos es bonito al lado del gordo y aunque al final del día terminamos totalmente muertos, es un carrusel de aventura para todos nosotros.

A Lu lo lleve a estimulación cuando cumplió un año exacto y ahí aprendió definitivamente muchas cosas más ,a parte de las que yo le podía enseñar en casa, pero si pueden permítanse escaparse un instante y salir de este mundo tierra y entrar a ese mundo imaginario de nuestros hijos que está lleno de color, amor y lo que llamamos felicidad. Complementemos lo que nos enseñan en los nidos haciendo de su vida una experiencia única y distinta cada día, en un camino de aprendizaje donde no sólo aprende el bebé, sino también nosotros aprendemos algo muy importante, volver a vivir.